‎¿Estamos en el fin de la era del petróleo?

‎¿Estamos en el fin de la era del petróleo?

¿Estamos en el fin de la era del petróleo? El “oro negro” alimentó‎‎ al siglo 20: sus automóviles, sus guerras, su economía y su geopolítica. Ahora el mundo está en medio de un shock energético que está acelerando el cambio. La demanda de petróleo cayó en más de una quinta parte y los precios colapsaron. 

Todo parece indicar que la era del petróleo podría estar llegando a su fin, y los productores de combustibles fósiles se ven obligados a enfrentar sus vulnerabilidades. ExxonMobil fue expulsada del Promedio Industrial Dow Jones, habiendo sido miembro desde 1928. Los petroestados, como Arabia Saudita, necesitan un precio del petróleo de USD 70-80 por barril para equilibrar sus presupuestos. Hoy apenas llegan a USD 40.‎

La energía limpia toma impulso

‎Ha habido caídas de petróleo antes, pero esta es diferente. A medida que el público, los Gobiernos y los inversores se despiertan ante el cambio climático, la industria de la energía limpia toma impulso. Los mercados de capitales cambiaron y las acciones de energía limpia subieron un 45% este año. Con tasas de interés cerca de cero, los políticos respaldan los planes de infraestructura verde. 

Joe Biden, se ha propuesto gastar 2 billones de dólares en descarbonizar la economía de Estados Unidos. La Unión Europea ha destinado el 30% de su plan de recuperación de COVID-19 de 880.000 millones de dólares para medidas climáticas. Y la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, utilizó su discurso sobre el estado de la unión para confirmar que quiere que la UE reduzca las emisiones de gases de efecto invernadero en un 55% con respecto a los niveles de 1990 en la próxima década.‎

Grandes riesgos

El sistema energético del siglo 21 promete ser mejor que la era del petróleo. Mejor para la salud humana, más estable políticamente y menos volátil económicamente.

Pero el cambio implica grandes riesgos. Si es desordenado, podría aumentar la inestabilidad política y económica en los petroestados y concentrar el control de la cadena de suministro verde en China. Sin embargo, un hecho aún más peligroso sería que esto sucediera no sucediera lo suficientemente rápido.

Sistema de energía sucio y sus implicancias

‎Hoy en día, los combustibles fósiles son la fuente última del 85% de la energía. Pero este sistema es sucio, y la energía representa dos tercios de las emisiones de gases de efecto invernadero. La contaminación por la quema de combustibles fósiles mata a más de 4 millones de personas al año, principalmente en las megaciudades del mundo emergente.

El petróleo también ha creado inestabilidad política. Durante décadas, petroestados como Venezuela y Arabia Saudita, con pocos incentivos para desarrollar sus economías, han estado sumidos en la política de limosnas y amiguismo. En un esfuerzo por garantizar suministros seguros, las grandes potencias del mundo han competido para influir en estos Estados.

Los combustibles fósiles también causan volatilidad económica. La concentración de las reservas mundiales de petróleo hace que la oferta sea vulnerable a los choques geopolíticos. No es de extrañar que el precio haya oscilado más de 30% en un período de seis meses 62 veces desde 1970.‎ De ahí la pregunta, ¿estamos en el fin de la era del petróleo?

Nuevos sistemas energéticos

Existe una imagen del nuevo sistema energético. Con una acción audaz, la electricidad renovable, como la energía solar y eólica, podría aumentar del 5% del suministro actual al 25% en 2035, y casi el 50% para 2050. El uso de petróleo y carbón disminuirá, aunque el gas natural más limpio seguirá siendo central.

Esta arquitectura en última instancia traerá enormes beneficios. Lo más importante es que la energía descarbonizante evitará el caos del cambio climático sin control, incluidas las sequías devastadoras, el hambre, las inundaciones y la disrupción masiva. Una vez madura, también debería traer mayor estabilidad política, porque la oferta se diversificará, geográfica y tecnológicamente.

Los petroestados tendrán que intentar reformarse a sí mismos y, a medida que sus Gobiernos comiencen a depender de gravar a sus propios ciudadanos, algunos se volverán más representativos. Los países consumidores, que una vez buscaron la seguridad energética entrometiéndose en la política de los productores de petróleo, buscarán en cambio una regulación sensata de su propia industria energética.

El sistema del siglo 21 también debería ser menos volátil económicamente. Los precios de la electricidad no serán determinados por unos pocos grandes actores, sino por la competencia y las ganancias graduales de eficiencia.‎

Dos grandes riesgos

‎Sin embargo, incluso cuando surge un mejor sistema energético, se cierne la amenaza de una transición mal gestionada. Destacan dos riesgos. 

China y las nuevas tecnologías energéticas

El primer gran riesgo es que la China autocrática podría ganar temporalmente influencia sobre el sistema de poder global debido a su dominio en la fabricación de componentes clave y el desarrollo de nuevas tecnologías.

Hoy en día, las empresas chinas producen el 72% de los módulos solares del mundo, el 69% de sus baterías de iones de litio y el 45% de sus turbinas eólicas. También controlan gran parte de la refinación de minerales críticos para la energía limpia, como el cobalto y el litio.

En lugar de un petroestado, la República Popular está en vías de convertirse en un “electroestado”. En los últimos seis meses ha anunciado inversiones en infraestructura y transmisión de automóviles eléctricos. También probó una planta nuclear en Pakistán y está considerando almacenar cobalto.‎

Europa: hogar de parques eólicos y solares

‎El apalancamiento de China depende de la rapidez con la que se muevan otras economías.‎‎ Europa es el hogar de gigantescos desarrolladores de parques eólicos y solares. Por nombrar algunos, Orsted, Enel e Iberdrola están construyendo proyectos de este tipo en todo el mundo. 

Las empresas europeas también lideran la carrera para reducir sus propias emisiones. La trayectoria de Estados Unidos se ha visto afectada por el aumento del petróleo y el gas de esquisto. Este hecho lo convirtió en el mayor productor de petróleo del mundo, y generó la resistencia republicana a las medidas de descarbonización.

Transición de los petroestados

‎El otro gran riesgo es la transición de los petroestados, que representan el 8% del PBI‎‎ mundial y casi 900 millones de ciudadanos. A medida que disminuya la demanda de petróleo, dichos petroestados se enfrentarán a una feroz lucha por la cuota de mercado que ganarán los países con el crudo más barato y limpio.

Incluso mientras lidian con la creciente urgencia de la reforma económica y política, los recursos públicos para pagarla pueden disminuir. Este año, los ingresos del Gobierno de Arabia Saudita cayeron un 49% en el segundo trimestre. Quedan todavía peligrosas décadas por delante.‎

‎Ante estos peligros, la tentación será facilitar el ajuste, tomando la transición más lentamente. Sin embargo, eso traería aparejado circunstancias diferentes, aún más desestabilizadoras, relacionadas con el clima.

¿Estamos en el fin de la era del petróleo?

Las inversiones que se contemplan están drásticamente por debajo de lo que se necesita para mantener las temperaturas dentro de los 2°C de los niveles preindustriales, y mucho menos los 1,5 ° C requeridos para limitar la agitación ambiental, económica y política del cambio climático. 

Por ejemplo, la inversión anual en capacidad eólica y solar debe ser de unos 750.000 millones de dólares, el triple de los niveles recientes. Y si el cambio hacia la energía renovable libre de combustibles fósiles se acelera, causará aún más turbulencia geopolítica. El paso a un nuevo orden energético es vital, pero será desordenado. Por eso, ¿estamos en el fin de la era del petróleo? Solo el tiempo podrá contestar este interrogante.

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