Argentina y Brasil, ¿un amistoso monetario?

Argentina y Brasil, ¿un amistoso monetario?

En las vísperas de la cumbre de la Celac los presidentes Alberto Fernandez, Argentina; e Luiz Inácio Lula Da Silva de Brasil anunciaron como acuerdo estratégico: la creación de una moneda común: SUR.

Si bien no es la primera vez que en la región se quiere llegar a este tipo de acuerdo, la realidad es que en un mundo donde el crédito esta en puntos máximos, la inflación en los valores más altos de los últimos 40 años, aunar por la estabilidad monetaria con la creación de una moneda habla de dos cuestiones que están ocurriendo.

Un nuevo escenario global.

La falta de centralidad de Estados Unidos y su moneda en los últimos años; y con el auge de nuevos polos financieros como China, Medio Oriente y parte de Europa. Deberíamos dejar de hablar de hegemonía financiera por multilateralismo global.  En conjunto con el auge del precio de las materias primas energéticas y alimentarias una moneda propia para América del Sur respaldada en este tipo de activos no sólo daría espalda para mantener déficits fiscales aunque lo lógico sería que no persistan.

Esto le da a nuestro Continente un fuerte respaldo para emitir bajo el colateral del precio de las materias primas que naturalmente está en el activo de la región como contrapartida del pasivo que sería la emisión de la propia moneda , bajo la premisa de emitir con respaldo real. Un claro ejemplo de esto es el papel que desarrollan actualmente el bloque de los BRICS.

Inflaciones distintas aunque pasados parecidos.

Brasil  transita a una inflación del 10% anual mientras que Argentina viaja a una inflación casi 10 veces mayor. Acoplarse gradualmente a una moneda que integre el comercio entre ambos países no sólo ahorrará dólares sino que también sería el primer paso en bloque hacia una estrategia de estabilidad monetaria. Con claramente, por parte de Argentina, una proporción de recursos naturales per cápita mucho mayor que Brasil y una productividad por trabajador prácticamente empatadas. 

 

 

Aunque sin austeridad fiscal no hay estabilidad monetaria y Argentina viene de casi 100 años de imprudencia fiscal; y acumulando inflación perjudicando directamente el nivel de vida de sus habitantes. Por su parte, Brasil tampoco ha gozado de estabilidad monetaria durante el siglo XX habiendo cambiado desde 1942 en 5 oportunidades su moneda de curso legal: Primer Cruzeiro, Segundo Cruzeiro, Cruzado, Tercer Cruzeiro y el actual Real. Es que la alta inflación ha sido un mal crónico en gran parte del SXX, al igual que en Argentina.

La fase monetaria es un factor crucial para lograr una homogeneidad entre heterogeneidades económicas. Si bien, se cede soberanía monetaria, un punto a favor para Argentina.Esto es  mejor que dolarizar donde  la soberanía monetaria se pierde totalmente.

Y aunque en nuestro país en los últimos 90 años ha abusado de la autonomía monetaria para incentivar el crecimiento económico, lo único que ha creado fueron condiciones para que la inflación acumulada desde la creación del Banco Central acumule 1.018.358.463.745.760.000%.  Con la creación de 5 monedas de curso legal: Peso Convertible, Austral, Peso argentino, Peso Ley 18.188 y Peso moneda nacional. 

Esta asociación entre Brasil, Argentina y posiblemente algún otro país más, cede soberanía monetaria o por lo menos la comparte y es menester recordar el trilema imposible que cualquier economía no puede tener.

Una de estas características es imposible mantener por una simple cuestión de economía matemática. Por eso la ciencia económica lo llama el trilema imposible. Pero vayamos al caso práctico de Argentina de porque una moneda común ayudaría a la estabilidad y mientras argentina tiene una de las inflaciones más alta del mundo la colocarían en una situación favorable frente a los otros posibles países que compartan el bloque monetario. 

Argentina no sólo bajaría más que considerablemente su inflación por el sólo hecho de ceder su autonomía monetaria con otros países y amalgamar su ciclo monetario a economías que transitan inflaciones de entre 5% y 12% anual sino que también mediante el trilema monetario se acercaría a una estabilidad monetaria y a una libre movilidad de capitales. Parecido a lo que ocurrió en los años 90 con la convertibilidad.

Al ceder la actual oferta desmedida del peso se gira en el triángulo hacía un tipo de cambio fijo que se traduce en estabilidad cambiaria una segunda causa para que baje la inflación y una libre movilidad de capitales que permite que el crédito sea más accesible, dado que es posibilitado por una menor tasa de interés.

A priori las condiciones de una moneda común con otros países permite la estabilidad cambiaria, monetaria y la libre movilidad de capitales, características ausentes en los últimos 20 años.

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