China: admirada, odiada y temida (parte 2)

China: admirada, odiada y temida (parte 2)

China: admirada, odiada y temida. Una encuesta en 17 países de Occidente informó que 69% de la población tiene una opinión negativa de China.

Esta nota es la continuación de la publicada anteriormente: China: admirada, odiada y temida (parte 1). Podés acceder a la primera parte haciendo click aquí.

China: admirada, odiada y temida. Hace muy poco, fue un día histórico para China. El Partido Comunista de China (PCCh) cumplió 100 años. Creado en 1921, el PCCh está en el poder desde 1949, año en el que derrotó al Kuomintang (Partido Nacionalista) en la guerra civil.

Aunque las autoridades venían celebrando desde hacía varios días, el 1 de julio fue el “evento de gala”. Hubo ejercicios de aviones de combate y un importante discurso del presidente Xi Jinping, quien también es el secretario general del PCCh y el presidente de la Comisión Militar Central (algo que únicamente sucedió con Mao Zedong,).

Objetivos de Xi Jinping

Desde su llegada al poder, el mandatario se puso como objetivo convertir a su país en uno de los actores más influyentes en el sistema internacional. Por este motivo, ya implementó políticas económicas a gran escala, como la Nueva Ruta de la Seda

Asimismo, el gigante asiático es un mercado cada vez más relevante para casi todos los países del mundo. En Argentina, por ejemplo, superó a Brasil durante algunos meses de 2020. Sus bolsillos profundos y su avidez geopolítica también lo ubican como un gran financiador de inversiones en todo el planeta.

Segunda economía más grande del mundo

Actualmente, China es la segunda economía más grande del mundo, con un PBI de USD 14,3 billones, y en los próximos años superaría a Estados Unidos. Para Xi, todos estos logros fueron gracias a un régimen socialista “a la china”.

El proceso de apertura fue iniciado por el sucesor de Mao y exsecretario general del PCCh, Deng Xiaoping. “No importa si el gato es negro o blanco, mientras pueda cazar ratones es un buen gato”, fue la frase que utilizó para justificar la “liberalización económica”. Por si no quedaba claro, dijo: “Hacerse ricos es glorioso”.

En estos 100 años, China se consolidó como una potencia internacional. Mientras que su poderío militar se concentra en Asia, su influencia económica llega a todo el mundo: Uruguay, Ecuador, Venezuela, Chile, Uruguay, Bolivia, y Perú forman parte de la Nueva Ruta de la Seda. Argentina está cada vez más cerca.

Opiniones negativas

Sin embargo, la imagen de China en Occidente no es la mejor. Mediante una encuesta en 17 países, Pew Research Center informó que el 69% de la población tiene una opinión negativa del Gigante Asiático.

Las naciones encuestadas fueron Australia, Bélgica, Gran Bretaña, Canadá, Francia, Alemania, Grecia, Italia, Japón, Países Bajos, Nueva Zelanda, Singapur, Corea del Sur, España, Suecia, Taiwán y Estados Unidos.

Los peores resultados están en Estados Unidos, donde casi el 75% de los norteamericanos tiene una mirada desfavorable sobre Pekín. Teniendo en cuenta que tanto Donald Trump como Joe Biden declararon a China como su máximo desafío, el alto porcentaje no es tan sorprendente. De hecho, pocas cosas unen a ambos partidos. Y enfrentar a China es una de ellas.

Por otro lado, en Europa, el 66% tiene una opinión negativa sobre China. mientras que 28% tiene una buena imagen. Los peores registros se dan en Suecia con 80%, en los Países Bajos con el 72% y en Alemania con 71%. Solo en Grecia, donde la firma oriental Cosco maneja su principal puerto (El Pireo), hay actitudes más positivas que negativas: 58% versus 42%.

Asia y China enfrentadas

En la región de Asia y el Pacífico, su lugar de preponderancia, la imagen de China tampoco es tan buena: el 73% la ve de forma negativa, principalmente debido a sus reclamos territoriales. En Japón, esa cifra sube hasta 88%, y en Australia y Corea del Sur, ronda 80%.

Sinofobia

Más allá de esa corriente de opinión, que también incluye “sinofobia”, China siguió avanzando y, por ende, no queda claro cuánto complica su proyección internacional. Sin embargo, es un asunto que genera cierta preocupación en Pekín.

Es así que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ratifica cada día que no será “blando” con China. Biden señaló que anticipa una “extrema competencia” con China, aunque no desea que esto termine en un conflicto comercial entre ambos países.

Sin embargo, pese a su mensaje optimista, Biden expresó que Xi Jinping “no tiene, y no lo digo como una crítica, sino que es una realidad, un solo hueso democrático en su cuerpo”. Además, calificó a su par oriental de “brillante” y “duro”.

Asimismo, se refirió a la estrategia que implementará en esta competencia “extrema” con China, a la que, como Donald Trump, considera el principal rival de su país. Según él, la misma estará centrada en las reglas internacionales. Esto se opone al tono de confrontación abierta que adoptara la gestión Trump, que desembocó en una guerra comercial sin grandes resultados a la hora de disminuir el déficit comercial entre Estados Unidos y el Gigante Asiático.

La democracia y los derechos humanos, que no eran centrales en la confrontación trumpiana, tendrán más protagonismo con Biden. No será fácil para Pekín.

La fábrica del mundo

La pandemia puso de manifiesto, entre otras cosas, lo mucho que Europa y Occidente dependen de la fábrica del mundo. Y es que en China se fabrica una gran parte del textil, mascarillas, plástico, electrónica y todo tipo de utensilios que usamos cotidianamente. Desde el más simple bolígrafo al más complejo iPhone.

Sin embargo, la relación va más allá. No solo se trata de la tradicional autopista marítima o los insumos que China fabrica. Porque incluso antes de la pandemia global, Pekín ya pululaba sus intereses por el extremo oeste de Asia.

El menú de China para Europa ya está aquí, con los mayores mercados del Viejo Continente como plato y los más relevantes sectores industriales como ingrediente principal. ¿El resultado? Hoy se podría comprar un auto “made in Europe” chino de chasis Volvo, ruedas Pirelli, motor Daimler y música del sello Universal Music como banda sonora.

Rival sistémico

“China es nuestro rival sistémico y un competidor estratégico”, decía Bruselas el pasado mes de marzo. Esto pese a que en la última década, en la de la crisis financiera, los recortes, las protestas, las reformas, los préstamos y los rescates, el Imperio del Centro no dejó de aumentar la inversión en el Viejo Continente. Según un reciente estudio de Bloomberg, un 45% más que la que respecta a Estados Unidos. Y siempre en sectores clave o estratégicos.

Confrontación mundial con China

De acuerdo con informaciones occidentales, en Xianjian hay cientos de miles de uigures en campos de detención, en condiciones inhumanas. Tras meses de llamamientos respecto a los derechos humanos de los uigures en la provincia de Xianjian, la UE finalmente impuso sanciones contra el Gobierno chino. Estas afectaron a cuatro representantes del Partido Comunista en la región, a quienes se imputó por la persecución sistemática de esta minoría musulmana. Entre ellos estaba el jefe de los servicios de seguridad locales, a quien se responsabilizó de graves violaciones de los derechos humanos.

En diciembre, la BBC publicó una investigación que mostraba que China estaba obligando a cientos de miles de minorías, (incluidos los uigures) a realizar trabajos manuales en los campos de algodón de Xinjiang. Más de un millón de personas en Xinjiang, la mayoría de grupos étnicos con mayoría musulmana, han sido confinadas en campos de trabajo, según Gobiernos e investigadores extranjeros.

Patrón de comportamiento

Se evidencia un singular y contradictorio patrón de comportamiento en varias compañías occidentales. Empresas como H&M y Nike acusaron a China de someter a personas a campos de trabajo. China lo negó rotundamente. Su reacción inmediata fue boicotear los productos de estas marcas, tanto online como en los negocios.

Este tipo de maniobra es moneda corriente. Cada vez que alguna marca hace alguna acusación contra el régimen chino, estos responden boicoteando sus productos. Perder ventas en China, la única gran economía donde el gasto del consumidor ha recuperado los niveles previos a la pandemia, puede ser especialmente doloroso en un momento de baja demanda en Estados Unidos y Europa.

Beijing suele atacar a las marcas extranjeras de moda, automóviles, viajes y otros sectores por acciones contra su Gobierno o para presionar a las compañías para que acaten sus posiciones oficiales sobre Taiwán, Tíbet y otros temas sensibles. Las empresas suelen disculparse y cambiar sus sitios web o su publicidad para mantener el acceso al enorme mercado chino. Es claro que la frase China: admirada, odiada y temida es más cierta que nunca.

Gravísimas denuncias contra China

Raphaël Glucksmann, uno de los eurodiputados sancionados por China por haber acusado a la nación asiática de mantener campos de trabajo, reaccionaba así en su cuenta de Twitter: “Sus sanciones no me impresionan, ni sus exhortaciones a la ‘autocrítica’ ni sus amenazas. Con las otras nueve personalidades europeas seguiremos luchando contra sus crímenes y para romper el silencio que los rodea. Ser sancionado por los tiranos es un honor. Todos nos hemos preguntado qué habríamos hecho en 1942 sin poder responder. Pero sí hay una pregunta a la que podemos responder: ¿qué hacemos frente a un crimen contra la humanidad cometido en 2021?”.

Glucksmann lleva años denunciando los internamientos masivos, las esterilizaciones masivas de mujeres en edad de procrear y el trabajo forzado en régimen de esclavitud.

A su vez, el canciller británico Dominic Raab advirtió que la comunidad internacional no cerrará los ojos ante violaciones de derechos humanos tan graves como sistemáticas” y el Tesoro estadounidense dijo en un comunicado que “las autoridades chinas seguirán sufriendo las consecuencias mientras siga habiendo atrocidades en Xinjiang”.

China: admirada, odiada y temida

De esta manera, observamos la dicotomía de China y el resto del mundo. Es muy difícil estar de acuerdo con su régimen. Aun así, la mayor parte de las naciones de Europa, como así también Canadá y Estados Unidos dependen de China, ya que se convirtió en “la fábrica del mundo”. Y América Latina no es ajena al fenómeno asiático.

Desde cualquier punto de vista, se podría afirmar que la de China y el resto del mundo es una situación compleja. Presenta un gran desafío para Occidente: la admiran, odian y temen en igual medida, pero no pueden vivir sin ella.

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