China y África juegan el juego político

China y África juegan el juego político

China y África juegan el juego político. El alcance de Beijing en África está impulsado en gran medida por el deseo de apoyo en el escenario internacional de los 54 países del continente.‎

A pesar de todo lo que se dice sobre la creciente presencia de China en África, su compromiso económico es sorprendentemente limitado. En 2020, África representó el 4% del comercio de China con el mundo (4,4% de sus exportaciones y 3,6% de sus importaciones). En 2019, el continente representó solo el 2,9% de los flujos de inversión directa china en el mundo.

‎Por otro lado, China representó el 16,4% del comercio de África con el mundo en 2020 (12,8% de sus exportaciones y 19,2% de sus importaciones). Sin embargo, no hay un flujo directo de inversión africana a China. China también fue la fuente de $153 mil millones en préstamos acumulados a países africanos entre 2000 y 2019.‎

África está compuesta por 54 países. Dado que 53 de estos reconocen a Beijing, las relaciones económicas son aún menos importantes por país.‎ Así, China y África juegan el juego político. ‎

El rol de África

China es indudablemente importante para África. Sin embargo, la importancia económica de África para China es muy modesta. Entonces, ¿qué papel juega África en la estrategia de globalización de China?‎

‎Podríamos considerar la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) como respuesta. Estas “Rutas de la Seda” terrestres y marítimas replican las rutas comerciales tradicionales entre Asia y Europa. Solo la ruta marítima llega directamente a África.

La ruta marítima moderna fue lanzada en el siglo 19. Es el legado directo de la ruta de porcelana utilizada por los comerciantes árabes e indios. Más tarde, a partir del siglo 16, fue utilizada por los comerciantes portugueses, holandeses, ingleses y franceses. Esa ruta se extendió al Mediterráneo y luego más allá al norte de Europa con la apertura del Canal de Suez en 1869.‎

La Ruta de la Seda no es nueva

‎Uno de los primeros promotores de la ruta moderna fue el antepasado de la firma francesa CMA-CGM, que inició la creación de Djibouti (1888) y el ferrocarril Djibouti-Addis Abeba (1897). Por lo tanto, estas rutas comerciales no fueron inventadas en 2013 por el líder chino Xi Jinping, aunque se han enfatizado desde entonces para ayudar a China a superar la crisis de su modelo de crecimiento.‎

La estrategia BRI es, en esencia, una iniciativa para penetrar mejor en los mercados europeos (esencialmente la Unión Europea). Dichos mercados son el principal destino de los productos chinos, por delante de los países del sudeste asiático y los Estados Unidos. 

Por esta razón, África tiene muy poco papel que desempeñar en la BRI. La inversión que China ha hecho bajo este apodo se concentra en gran medida en Egipto y el Cuerno de África, a lo largo de la ruta hacia el Canal de Suez.‎

Si la economía no explica el interés de China por África, ¿qué lo hace?‎

África es la piedra angular de la diplomacia china

‎A finales de julio de 2021, Zhang Hongming, principal investigador de la Academia China de Ciencias Sociales, nos recordó que “África es la piedra angular de la diplomacia china. Su posición y papel únicos no deben subestimarse. Esto se debe a que los 53 aliados [africanos] no solo amplían el radio de las actividades de China en el escenario internacional, sino que también mejoran la profundidad estratégica del juego de China con los Estados Unidos. Fortalecen así la iniciativa e influencia de China en los asuntos internacionales”.

La quintaesencia de las relaciones chino-africanas no es económica, sino geopolítica.‎

Tiananmen, repercusiones y reacciones

‎La relación de China con el continente africano no es reciente. Los historiadores oficiales chinos han estado tratando de rastrearla hasta el principio de los tiempos.

Sin embargo, las relaciones chino-africanas adquirieron una nueva dimensión tras los sangrientos acontecimientos de la Plaza de Tiananmen en 1989. La represión llevó a los países occidentales a sancionar a China, un shock tan brutal como inesperado. 

Ante el shock, la reacción de China fue inmediata. Beijing se propuso renovar sus relaciones con el mundo en desarrollo. Es así que empezó por los países africanos, ninguno de los cuales había desaprobado oficialmente la represión. Algunos incluso la habían aprobado abiertamente, incluidos Angola, Burkina Faso, Egipto y Namibia.‎

Desarrollarse juntos

‎Los líderes africanos continuaron visitando China en giras oficiales en un momento en que Beijing era rechazado por Occidente. Este período dio origen a la tradición, vigente desde 1990, de que el canciller chino realice su primer viaje de cada nuevo año a países africanos.

Como extensión de estas visitas, a partir de 2000 se organizaron reuniones cumbres periódicas del Foro de Cooperación China-África (FOCAC) para “enfrentar el desafío de la globalización” y ayudar a China y África a “desarrollarse juntos”.‎

Adoctrinando a las masas

‎La respuesta china a su status de paria post-Tiananmen también tomó la forma de una instrumentalización política de la historia y una exhortación a “nunca olvidar la humillación nacional” sufrida en el siglo 19. 

El slogan fue diseñado como táctica para movilizar a la población china contra los países occidentales. A su vez, sirvió para reunir a los países anteriormente colonizados. Estos países, según Luo Jianbo, profesor de la Escuela Central del Partido, son el punto de apoyo de las relaciones exteriores de China. Estas naciones han ayudado a China a restaurar “la dignidad internacional que merece”.‎

‎Asimismo, se construyó gradualmente una narrativa antioccidental . Esta tarea recayó entre otros, en dos emblemáticos africanistas chinos, Li Anshan, profesor de la Universidad de Pekín, y Liu Hongwu, profesor de la Universidad Normal de Zhejiang. 

Sus palabras refuerzan las de Wang Huning, el ideólogo oficial del actual Comité Permanente del Politburo. Según este, el estilo actual de globalización manifiesta la hegemonía occidental y representa una amenaza existencial para China.‎

En honor a Confucio

Esta respuesta nacionalista también es deliberadamente culturalista. Reinventa el confucianismo, como se manifestó en la organización en septiembre de 1989 del primer festival cultural internacional anual en honor a Confucio. Este festival tenía la intención de “fortalecer la cooperación y la amistad entre China y los países extranjeros”.

Sobre la base del modelo de los Institutos Pushkin, Cervantes y Goethe, en 2002 se crearon los Institutos Confucio de China, de los cuales unos 60 operan ahora en África, con alrededor de 50 sucursales más. En 2005, a partir de este confucianismo remodelado, el entonces Secretario General Hu Jintao tomó prestado el concepto de “mundo armonioso”, que metamorfoseó en 2012 en “comunidad de destino”.

Xi Jinping, a su vez, lo aprovechó y proclamó una “comunidad sino-africana del destino” durante la cumbre del FOCAC celebrada en Beijing en 2018.‎

Reescribiendo la historia

Esta narrativa antioccidental y pro-Sur Global ha permitido profundizar los lazos con el continente africano. Cada uno de los 54 países tiene voto en la Asamblea General de las Naciones Unidas. Eso ayuda a explicar la peculiar reescritura de la historia marcada por la publicación en 1999 de un libro que relata 50 años de diplomacia china.

En ese relato, África aparece como un héroe. Su invaluable apoyo ayudó a la República Popular China a hacer a un lado a la República de China (Taiwán) y unirse al Consejo de Seguridad de la ONU, dejando de lado que el apoyo africano efectivo llegó, en realidad, muy tarde.‎

China y África juegan el juego político

‎Hoy en día, China sigue cosechando los beneficios del apoyo africano en la escena internacional. Los ciudadanos chinos son simultáneamente jefes de cuatro agencias de la ONU: la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) y la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Es el único país que ha tenido tantas direcciones a la vez.‎

‎Estas cuatro agencias son altamente simbólicas. Las direcciones de la FAO y la ONUDI destacan la participación de China en el desarrollo, la industrialización y la ayuda a los países pobres. Mientras las direcciones de la OACI y la UIT señalan a China como un país técnicamente innovador en áreas sensibles. China también ha estado al frente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), donde le ha sucedido Etiopía, el mejor “emulador” africano de China. De este modo, entendemos por qué China y África juegan el juego político.

Todo lo que está bajo el cielo

De este modo, al apoyar económica y financieramente a los países africanos, China está construyendo una base de clientes de países que le permitirá organizar el renacimiento de una China fuerte y poderosa. Anne Cheng, profesora del Colegio de Francia, escribe que “Durante más de dos milenios, China ha tenido la particularidad de considerarse a sí misma como el centro del mundo. El país asiático voluntariamente se refirió a sí mismo como ‘todo lo que está bajo el Cielo’‎‎”.‎‎ 

Entonces, cuando Xi Jinping proclama que “las Nuevas Rutas de la Seda están diseñadas para establecer la armonía entre ‘todo lo que está bajo el cielo'”, entendemos que la globalización orquestada por China es ante todo un proyecto político, ya sea que pase por África o en otro lugar.‎

A decir verdad, esta táctica, si bien muy inteligente, no es tan diferente de las que usan el resto de los países. Todos juegan el juego de la política. Al igual que lo hacen las instituciones anteriormente mencionadas, incluso, a sabiendas de que ya perdieron toda credibilidad ante el mundo.

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