Dólar y aumento de la soja, ¿que soluciona?

Dólar y aumento de la soja, ¿que soluciona?

El ingreso de divisas mediante nuestras exportaciones primarias es un común denominador en nuestro país, una economía que tiene graves problemas para venderle al mundo desde hace más de 50 años y que, con los excelentes términos del intercambio, durante la década de los 2010 la balanza de pagos registró de 2009 a 2019 una pérdida de 124 mil millones de dólares. Podremos culpar a la política económica de todas gestiones, pero no a la “suerte”.

Tal vez el nivel de exportaciones no alcance para explicar el nivel de gasto público ineficiente del último tiempo, que se traduce en una inflación estructural que aumenta el nivel de pobreza constantemente.

El aumento de la soja

El aumento del precio de la oleaginosa produce un efecto realmente positivo para la economía en el corto plazo, ya que la necesidad de dólares de este año es imperiosa para cubrir déficit fiscal y cumplir con las metas que, por decisión de su staff, está relajando el FMI.

Dentro de los efectos positivos de corto plazo, el BCRA podrá acumular reservas, si y solo si mantiene en baja la tasa de emisión monetaria con respecto a la tasa de inflación. Una ecuación matemática que ayuda a controlar la crecida de la curva de una posible espiral inflacionaria.

Pero aumentar las exportaciones por el simple hecho de un aumento de precios y no por cantidades solo es pan para hoy y hambre para mañana. En un país que produce alimentos para casi el 6% de la población mundial, resulta paradójico e ineficiente desde cualquier arista que se miren los problemas económicos de nuestro país, que se traducen en problemas sociales y culturales.

La historia se repite

Es positivo que aumenten cuantitativamente las exportaciones. Sin embargo, en el pasado esto ya ocurrió y cuando no se aumentaron cualitativamente, sufrimos con mayor presión, los “shocks” externos de manera más severa.

La caracterización es que el dólar logra mantenerse estable, pero solo momentáneamente, y cuando ajusta —siempre hacia el alza— provoca efectos negativos de desarrollo y crecimiento que perduran en el tiempo.

Simplemente es explicar lo que pasa desde 1975 hasta la fecha: aumentan las exportaciones, se mantiene el nivel de gasto con esos dólares y mientras se pagan los desbarajustes de los períodos anteriores. Repetimos la historia desde el famoso “stop and go”.

Los efectos del aumento

En conclusión, el aumento del precio de la soja da aire a una economía afectada por sus propios problemas estructurales (falta de capacidad de exportación y déficit fiscal) y a las disputas de poder que en paralelo afectan los esfuerzos reales que se han hecho durante la actual y la última gestión en materia de capacidad de exportación para aprovechar los aumentos de precios de nuestros bienes exportables.

Es necesario evaluar cómo reducir los costos de transportes con obras de infraestructura y amortiguar el impacto en nuestra economía de la volatilidad de los precios internacionales con los fondos de estabilización, dado que aplicar retenciones solo aumenta la presión fiscal sobre los sectores que aumentan nuestras ventas al exterior.

Ahora solo queda esperar que el aumento del precio de nuestros bienes exportables reflejen un alivio a la presión fiscal y a la erosión de los ingresos de la gente.

Hasta ahora venimos con un aumento de los ingresos en dólares, pero con una inflación en su pico máximo. Solo queda esperar que la articulación de política pueda generar un alivio en el corto plazo para nuestros bolsillos. Por esa razón, que aumente la soja solo mejora las condiciones del sector público en el corto plazo, pero no las del ciudadano de a pie que ve sacrificado su ingreso desde 1975.

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