El temor a la inflación estadounidense

El temor a la inflación estadounidense

El temor a la inflación estadounidense es grande. La noticia de que la inflación en Estados Unidos se disparó al 4,2% anual en abril encendió todas las luces de alarma. A nivel mensual no se alcanzaba esta cifra desde junio de 2009. A nivel interanual se trata del registro más elevado desde el 5,6% anual de julio de 2008. Los datos sorprendieron a los analistas que esperaban incrementos menores.

Riesgos globales

Un escenario de suba de precios en la mayor economía del mundo podría representar un riesgo para los mercados emergentes y para la Argentina. Sin embargo, varios analistas coinciden en que el impacto local sería limitado. Mejor aún, nuestro país se puede ver beneficiado por el contexto alcista en las materias primas.

En el mercado norteamericano hay preocupación. Se considera que la fuerte reactivación, las políticas monetarias y fiscales expansivas y la suba en el precio de los commodities llevarán a la inflación un escalón más alto. Este es el temor a la inflación estadounidense.

Como consecuencia, los mercados tuvieron una reacción típica: los precios de las acciones y los bonos cayeron. Naturalmente, el oro, como último refugio de valor, subió. Pero los bancos centrales también están muy atentos. Se sabía que la salida económica de la pandemia (en Estados Unidos y algunos otros países), que incluyó políticas monetarias y fiscales fuertemente expansivas, iba a provocar presiones inflacionarias.

¿Qué sucede si la inflación de Estados Unidos sube?

En caso de que la inflación se dispare, ya se sabe la respuesta: subas en las tasas de interés. Estas podrían ser tóxicas para las finanzas de muchas empresas que se endeudaron en los últimos años aprovechando las tasas cercanas a cero. Los aumentos en las tasas de interés obligarían a recalcular todos los pronósticos. Sin embargo, no se sabe con certeza cuán intensas y prolongadas serán estas inflaciones.

Hasta ahora, la inflación en los países desarrollados aumentaba por debajo de la meta del 2% que se impusieron la mayor parte de los bancos centrales. El cierre de la economía mundial del año pasado a causa del COVID-19 acentuó las presiones deflacionarias. Una extraordinaria emisión monetaria en Estados Unidos, junto con el “final” de la pandemia y la reapertura económica, además de los importantes programas de estímulo monetario, generaron un contexto de mayores presiones inflacionarias a nivel global. Las tasas de interés reaccionaron al alza y el dólar se debilitó.

Un dólar débil y una economía global “en recuperación” permitió que las materias primas, como el oro, litio y hierro, hayan tenido una reacción alcista fenomenal en el último año. Este es un factor que beneficia sustancialmente a la Argentina.

Temporalidad de la inflación norteamericana

Los analistas de Portfolio Personal Inversiones (PPI) explicaron que el temor a la inflación estadounidense radica en la temporalidad de la misma.

“El mercado espera un calentamiento en los precios que será temporal – lo mismo piensa la FED (Reserva Federal). Pero si este salto se vuelve más constante en el tiempo, la probabilidad de una suba de tasas aumenta considerablemente. Un aumento de tasas golpea más fuertemente a las valuaciones de acciones. Especialmente a las tecnológicas, aunque la deuda emergente también sufriría cierto impacto”, mencionaron desde PPI.

Impacto en el mercado local

Un contexto de suba de inflación junto con un contexto de suba de tasas tiende a ser un desafío para los mercados emergentes. Esto se produce porque el costo del roll over (proceso de mantener una posición abierta más allá de su vencimiento) de la deuda es mayor. 

Si bien Argentina no está exenta de dicho contexto, recibiría un impacto relativamente bajo. Esto se debe a que se ve fundamentalmente beneficiada por la suba de las materias primas. Un escenario en el que las tasas de interés en Estados Unidos puedan subir, tanto las del mercado como las de la Fed, implica riesgos para la deuda argentina. Esto, a su vez, genera mayor presión sobre los bonos y el riesgo país.

Qué dicen los analistas

Para Adrián Yarde Buller, economista de Facimex Valores, el impacto de un contexto de mayor inflación global sobre Argentina es favorable principalmente por la fuerte suba de precios de los commodities agrícolas”. Sin embargo también alertó sobre los riesgos de una futura suba de tasas de la Fed.

“En los últimos 12 meses, la soja subió 89,5% y el maíz aumentó 134,7%. Este es un impulso tremendo para nuestras exportaciones que llega en un momento muy necesario. No obstante, Argentina todavía no pudo aprovechar el contexto internacional para financiarse a tasas bajas. No hay que perder el tiempo con esto. En algún momento la Fed va a empezar a sacar el pie del acelerador y la oportunidad va a quedar atrás”, sostuvo el economista.

“En los mercados financieros, lo que se observa es que como consecuencia de un recalentamiento de la inflación, hay una suba permanente de tasas. Por este motivo, el costo de servir la deuda argentina en dólares puede crecer marginalmente”,agregó Yarde Buller

Rodrigo Benítez, economista de Quinquela Fondos, coincide con los demás analistas al remarcar que en el caso de Argentina, el impacto directo de la suba de precios es muy acotado.

“La diferencia de ritmos de inflación no llega a impactar sobre el tipo de cambio real ni a afectar el proceso de formación de precios interno. En cambio, sí tiene efecto la suba del precio del petróleo. Esta es una de las causas del aumento en las expectativas de inflación a nivel internacional. Esa suba puede servir para potenciar inversiones en el sector petrolero. Sin embargo, va a seguir generando aumentos en el costo local de los combustibles”, afirmó.

Bonos argentinos

En relación al impacto negativo sobre los bonos argentinos, Benítez remarcó que el mismo puede existir aunque de manera limitada. 

“En el caso de Estados Unidos en los últimos meses se ha observado una suba de las tasas de interés de largo plazo. El mercado descuenta una suba de tasas de la Fed a partir de 2023. Esa mayor tasa de largo plazo impacta sobre la valuación de activos emergentes, afectando a los bonos y las acciones locales. Aunque nuevamente, el efecto sobre el precio es acotado. El principal componente de las tasas de descuento es el riesgo país local y no la tasa de Estados Unidos”, comentó. 

Inflación: ¿fenómeno transitorio?

En Estados Unidos, la Reserva Federal parece estar convencida de que el salto inflacionario de abril solo es reflejo de un fenómeno transitorio.

Una mirada atenta a los precios al consumidor muestra, por ejemplo, un aumento del 10% en los precios de vehículos usados en un solo mes. Este hecho no había ocurrido jamás en más de medio siglo desde que se elaboran estas estadísticas. Lo que ocurrió fue que la escasez mundial de semiconductores paralizó la producción en muchas plantas automotrices. Como consecuencia, el estrangulamiento en la oferta de vehículos nuevos disparó la demanda de autos usados.

Pero este fenómeno y otros similares causados por las disrupciones en las cadenas globales de abastecimiento es difícil que se reiteren en el futuro.

El rol de La Reserva Federal

Históricamente, la Reserva Federal siempre ha mirado la relación entre la tasa de inflación y la de empleo (la curva de Phillips) para fijar su política monetaria. Hasta acá, no hay demasiadas razones para la alarma. Los últimos datos muestran que el desempleo subió al 6,1% y que las empresas están contratando menos trabajadores de lo que se esperaba. Este hecho se produce por las medidas de estímulo que está implementando la nueva administración. De hecho, después de conocer las cifras, el presidente Joe Biden dijo que la reactivación de la economía estadounidense todavía “tiene un largo trecho que recorrer”.

La Reserva Federal, por otra parte, ya no se apresura a aumentar las tasas de interés al menor atisbo de inflación, como ocurría en el pasado. La política de “inflation targeting” que impulsa el presidente de la FED, Jerome Powell, se ejecuta en un nuevo marco que tiene en cuenta los promedios de largo plazo.

En los últimos años, la tasa de inflación estadounidense estuvo por debajo de la meta del 2%, totalizando cinco puntos desde 2007. Esto le da espacio a la política monetaria para seguir siendo laxa. Con esto, puede cumplir su objetivo de maximizar la tasa de empleo aunque la inflación supere la meta y sea del 3% en los próximos cinco años.

“Monitoreamos una amplia gama de condiciones financieras y creemos que estamos muy lejos de nuestros objetivos. Me preocuparían las condiciones desordenadas en los mercados o el endurecimiento persistente de las condiciones financieras. Esto amenaza el logro de nuestros objetivos”, explicó el responsable de la FED.

La inflación como fenómeno político

Una política antiinflacionaria de mayores tasas de interés es hoy políticamente inviable en Estados Unidos. La administración Biden está determinada a que esta reactivación no sea decepcionante como la de la anterior recesión de 2008/2009. Y si el precio a pagar es un poco más de inflación, que así sea, siempre que no llegue a niveles alarmantes. Como escribió recientemente Martin Wolf parafraseando a Milton Fridman: “La inflación no es un fenómeno monetario en cualquier tiempo y lugar. Es un fenómeno político”.

Vemos entonces que el temor a la inflación estadounidense es real si bien algo acotado. Argentina debería aprovechar este escenario para su beneficio.

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