¿Es esta la recta final para los bancos?

¿Es esta la recta final para los bancos?

¿Es esta la recta final para los bancos? Los bancos centrales del mundo ya están pensando en emitir monedas digitales.

En ese sentido, el Banco Central de China ya está haciendo una prueba piloto con el e-yuan. También la Unión Europea está diseñando un e-euro y la Reserva Federal de Estados Unidos está haciendo lo propio con un futuro e-dólar. Incluso, hace poco, Inglaterra anunció que podría estar trabajando en su Britcoin.

Esto pone sobre el tapete un importante rol que los bancos están cumpliendo, pero que nadie había notado anteriormente.

Así lo retrató la prestigiosa revista The Economist:

Fuente: The Economist

“Las govcoins (por monedas del gobierno, “governement” en inglés): las monedas digitales que transformarán las finanzas

Función tradicional de los bancos

Según la teoría económica, tradicionalmente a los bancos se le asignó la función de intermediar entre los ahorristas (las familias) y los inversores productivos (las empresas). Los bancos toman depósitos de las familias y se la prestan a las empresas para que los inviertan. Pero esto planteaba un problema: los depósitos de los ahorristas son de corto plazo, mientras que las inversiones de las empresas son de largo plazo. Si gran parte de los ahorristas van a buscar al mismo tiempo sus depósitos, el banco quiebra. De esta conclusión se desprendió que el esquema era muy frágil. ¿Es esta la recta final para los bancos?

Sin intermediación entre ahorro e inversión

Entonces, los bancos centrales empezaron a inducir a que las inversiones de mediano y largo plazo no se financiaran más en los bancos, sino en el mercado de capitales. La ventaja es que en el mercado de capitales los ahorristas (que ahora ya no son las familias, sino inversores institucionales) son conscientes de que están prestando a largo plazo. Así, los bancos dejaron de intermediar entre el ahorro y la inversión.

De este modo, los bancos pasaron a intermediar entre el ahorro de corto plazo y el consumo de corto plazo. Pero luego el instrumento de esa intermediación terminaron siendo las tarjetas de crédito (a las que los bancos fondean, pero con las que no operan) y a los préstamos al consumo los “securitizan” o titulizan (los convierten en bonos) y los colocan en el mercado de capitales. Es decir, los bancos no cumplen ninguna función que no pueda realizar otro actor financiero. Es por ello que cabe preguntarse si es esta la recta final para los bancos.

Las finanzas se remodelan

Así como una oleada digital provocada por la pandemia está acelerando una transformación en el comercio minorista y el comercio electrónico, las finanzas también se están remodelando. El cambio de los pagos físicos a los digitales este año fue drástico. Los expertos sondeados por The Economist consideran que la proporción de transacciones sin efectivo en todo el mundo ha aumentado a niveles que esperaban que alcanzara dentro de dos a cinco años. En Estados Unidos, el tráfico de banca móvil aumentó en un 85% y los registros de banca en línea en un 200% solo en el mes de abril.

Algunas empresas sacarán provecho de la fiebre digital, mientras que otras se quedarán atrás. Los mercados de capitales creen que está comenzando una nueva era: los bancos convencionales ahora representan sólo el 72% del valor total de mercado de la industria bancaria y de pagos global, por debajo del 81% a principios de año y el 96% de hace una década. Las firmas fintech como Ant Group y PayPal constituyen el 11%: su valor de mercado se ha duplicado este año a casi $900 mil millones. Las empresas de pagos no bancarias convencionales, como Visa, también están en auge y constituyen el otro 17% del total de la industria.

Lo nuevo y lo tradicional coexistirá

La digitalización puede significar el fin de los dinosaurios en algunas industrias. Pero en finanzas es probable que sobrevivan. Los bancos están bien arraigados, aunque en diferentes grados en diferentes lugares. Los reguladores, los dioses de su ecosistema, no están dispuestos a dejarlos morir. Así que lo nuevo y lo viejo coexistirá, con las características precisas del sistema híbrido que variará de un lugar a otro.

La aceleración de la digitalización es más visible en los pagos. Aunque la crisis ha llevado a un aumento en el efectivo físico en poder del público, su ritmo de circulación ha disminuido. Esto sugiere que la gente está acaparando en lugar de gastar billetes.

Los pagos con tarjeta, por el contrario, han seguido creciendo. Eso se debe en parte al auge de las compras en línea, que a su vez ha avanzado varios años. Pero también refleja los esfuerzos de las tiendas físicas por llegar a los clientes en línea. 

Pero la coexistencia adoptará diversas formas en todo el mundo. Algunos bancos pueden ser más adecuados para el nuevo mundo de la tecnología que otros, en sí mismo una función del estado de los bancos hoy en día.

Cajeros automáticos: el vínculo físico entre los bancos y las personas

He aquí otra función que tienen los bancos: los cajeros automáticos. Es tan natural el uso de los cajeros en los bancos que pasó desapercibido que esta es hoy la función esencial de los bancos. Operar en los cajeros automáticos significa que ellos son el vínculo entre Banco Central con las personas. Cuando el Banco Central quiere emitir dinero, se los da a los bancos para que lo coloquen en los cajeros automáticos desde donde se puede acceder a los billetes.

Un ejemplo que ilustra de manera clara esta intermediación es el “corralito” del 2001. Cuando los cajeros automáticos dejaron de dar billetes, la gente rompió los bancos y no el BCRA, que es el que había dejado de emitir billetes.

¿Cuál será la función de los bancos ante los billetes digitales?

Así las cosas, si los bancos centrales van a terminar con los billetes y se dirigen hacia la e-moneda, los bancos ya no tendrán ninguna función. Los cajeros automáticos no van a hacer falta. El Banco Central se va a interrelacionar directamente con la gente. Cuando quiera emitir, pondrá la e-moneda en la billetera virtual de la persona. ¿Es esta la recta final para los bancos?

¿El fin de la política monetaria?

Aún no se sabe a ciencia cierta qué es lo que sucederá en este ámbito, pero The Economist predice un gran cambio en la forma de hacer política monetaria. Esto se debe a que los bancos también son agentes de expansión o contracción de la oferta monetaria. 

Ver la oportunidad

Hiroki Takeuchi de GoCardless, una compañía que ayuda a las empresas a cobrar los pagos de las cuentas bancarias, dice que muchas empresas de membresía como los gimnasios aprovecharon la oportunidad de los cierres para pasar de cajas registradoras a débitos directos. Los consumidores están utilizando los servicios peer-to-peer (p2p) para enviar dinero a familiares o incluso comprar clases de gimnasia en línea. Los pagos procesados en Estados Unidos por Venmo, una firma p2p, crecieron un 50% interanual en el segundo trimestre.

El caso de Argentina es un ejemplo claro. El Banco Central le entrega a los bancos los billetes para pagar los sueldos de los empleados públicos, los jubilados y los proveedores del Estado. Cuando los bancos quieren usar los fondos depositados no utilizados para prestar al consumo mediante la tarjeta de crédito, el Banco Central los obliga a comprarle a él Letras de Liquidez (Leliq). Esto sucede para que esa emisión no pase al consumo y así poder controlar la inflación.

¿Qué pasaría si hubiera una e-moneda en Argentina?

Si en Argentina hubiera una e-moneda, el BCRA no podría obligar a las personas –como legalmente puede hacerlo con los bancos– a comprarle Leliq. De esa forma, el BCRA tampoco podría controlar la oferta monetaria. O debería ofrecerles tasas de interés muy altas. Es lo que pasó, de alguna manera, con las Lebac en el anterior Gobierno: el BCRA quiso interrelacionarse directamente con la gente, sin pasar por los bancos, y no funcionó.

Por el momento, no está planificado que la e-moneda desplace al billete de papel, aunque esto no implica que no llegue. Las víctimas no serán ni los empleados bancarios (que tendrán mejores empleos en sectores más dinámicos), ni los banqueros (que, con seguridad, van a encontrar fuentes alternativas de hacer ganancias).

Las víctimas van a ser las políticas demagógicas. Ya que se va a hacer difícil financiar indefinidamente el déficit fiscal con emisión monetaria. Esto se debe a que el Banco Central no va a poder controlar la oferta monetaria. Entonces, ¿es esta la recta final para los bancos?

Cuatro etapas de los sistemas financieros bajo la e-moneda

En estas condiciones, empezamos a ver por qué ciertos sistemas financieros están donde están hoy y dónde podrían terminar. Estados Unidos está en la etapa cero. Sus clientes están encerrados en esquemas de tarjetas de crédito financiadas por gravámenes exorbitantes para los comerciantes. Es así que las empresas tecnológicas deberán confiar en la distribución financiera dirigida por bancos titulares bien protegidos.

En la siguiente etapa, los bancos seguirían gestionando la infraestructura, pero los pagos y otras tareas no básicas estarían abiertas a los nuevos participantes. Las fintech europeas, por ejemplo, pueden iniciar transferencias y aun así mover dinero entre cuentas bancarias. En Suecia originan el 60% de los préstamos al consumo.

En la segunda etapa, los pagos eliminarían rutinariamente a los titulares, como, por ejemplo, los flujos entre las billeteras móviles de África, que no transitan a través de los bancos. Pero la mayoría de los otros servicios financieros aún los involucrarían.

La tercera etapa es el reino de las “súper aplicaciones” como Grab y Gojek en el sudeste asiático, que comenzaron como servicios de transporte. Más cerca, tenemos el caso de MercadoPago, el brazo financiero de MercadoLibre, el sitio de comercio electrónico más grande de América Latina. Estas empresas quieren convertirse en supermercados financieros que ofrecen una gama de productos en su mayoría fabricados por otros. Las encarnaciones más avanzadas de estos son las super-aplicaciones de China.

Mientras los reguladores estén decididos a mantener vivos a los bancos, la cuarta etapa —en la que las entidades no bancarias dominan tanto la producción como la distribución de servicios financieros— probablemente nunca se haga realidad.

Entonces, ¿es esta la recta final para los bancos? Aún no pero, con tantos países tan avanzados en este sentido, no podemos descartar un cambio drástico en los próximos años. En gran parte dependerá de lo que los usuarios decidan adoptar o de las exigencias a futuro. En este punto, siempre es importante preguntarse a quién beneficiaría semejante cambio. Por más que el dinero fuera digital seguiría siendo controlado por las mismas entidades, posiblemente escondidas o con un nuevo disfraz.

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