¿Estados Unidos se va de Medio Oriente?

¿Estados Unidos se va de Medio Oriente?

En la actualidad, hay dos debates que dividen a Estados Unidos. El primero está relacionado con su política exterior: ¿EE.UU. debe dejar, o no, el Medio Oriente? El segundo, de índole económica, está relacionado al primero ¿EE.UU. debe recortar su gasto militar considerando el excesivo gasto social en el que incurrió por causa de la pandemia?

Los argumentos a favor y contra de una y otra posición van y vienen en los tabloides y medios digitales, mientras los especialistas siguen de cerca la política exterior norteamericana. El problema es que no es tan fácil tomar una decisión al respecto. Los intereses de Estados Unidos se superponen entre sí, por lo que privilegiar uno de ellos implica que afecte otras áreas, tal como piezas de dominó que se empujan unas a otras.

El problema del Oriente Medio

Estados Unidos ha intentado salir de esa región desde que terminó la Guerra Fría. Con excepción del presidente George H. W. Bush, todos prometieron sacar tropas del Medio Oriente y, hasta la fecha, aún mantiene presencia militar en esa conflictiva zona.

Incluso, muchos de los que hicieron promesas electorales de disminuir la acción bélica del país se encontraron envueltos en más contiendas de las que esperaban. Tal cual le ocurrió a Bill Clinton, que tuvo que lidiar con guerras y conflictos en África (Somalia), Europa (Kosovo y Bosnia), Asia (Irak) y América (Haití).

Pero, ¿por qué es tan difícil que Estados Unidos abandone militarmente esa región asiática? Surgen dos respuestas a esta pregunta.

La primera respuesta proviene de la política estadounidense y aún se discute en ese país sobre ello. Se trata de si realmente vale la pena continuar el Oriente Medio o no.

Para algunos, como el veterano negociador Martin Indyk, ya no vale la pena mantener el liderazgo militar en esa región. Indyk tiene alrededor de 40 años en la diplomacia estadounidense y el mismo tiempo trabajando en Oriente Medio. Es por esto que pone el dedo en la llaga al preguntarse por qué esa zona de Asia parece absorber a Estados Unidos.

Durante todos esos años, Indyk ha visto fracasar una y otra vez en su intento por llegar a acuerdos con los países de la región. Para agravar todavía más la situación, no se puede decir que el enfoque de la política en Oriente Medio haya sido estable y equilibrado. Cada nueva administración intentó una estrategia nueva con torpes y dudosos resultados.

Estados Unidos y el Medio Oriente hoy

Lo cierto es que la situación se ha agravado con el tiempo, y resulta aun más incierta con la asunción de Joseph Biden. Al menos así los deja claro un artículo en el medio The Economist titulado “Can Joe Biden get America out of the Middle East?”. En el artículo aseguran que Barack Obama y Donald Trump realmente han deseado cerrar el capítulo Medio Oriente de la historia norteamericana.

Sin embargo, los continuos conflictos entre estos países les impidieron retirarse del lugar. Y de esto se trata la segunda respuesta a la dificultad de abordar militarmente al Medio Oriente.

Retirar las tropas o dejarlas

Precisamente, estos son los argumentos que esgrimen quienes aseguran que aún vale la pena mantener la presencia militar en esa zona. Uno de ellos es el historiador y militar retirado, Peter Mansoor. En un artículo publicado por la Hoover Institution, Mansoor recuerda que al caducar el Status of Forces Agreement with Iraq (Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas con Irak), Obama retiró a todas las tropas de ese país. Según Mansoor, eso significó el ascenso del Estado Islámico, lo que demostró que en realidad el conflicto en la zona nunca había terminado.

El historiador también aseguró que la presencia de Estados Unidos mantiene el equilibrio en la región, por ejemplo, al no permitir la supremacía de Irán. Esto a su vez podría afectar la posición de Israel, ya históricamente bastante precaria, considerando que es el único aliado medianamente confiable de USA. Por último, Mansoor menciona que el equilibrio impuesto por Estados Unidos ha detenido la migración masiva de refugiados. Si se retira, podría agravarse de nuevo la situación, lo que conduciría a una nueva ola de migrantes con su consiguiente impacto en los demás países árabes, Turquía y Europa.

En todo caso, muchos mencionan el alto precio a pagar por llevar las tropas a casa o dejarlas. Es decir, la balanza se inclina entre recortar gasto público para mantener las tropas afuera o llevar los militares a casa y abandonar todos los intereses e influencia de USA en la región.

El problema de la pandemia por COVID-19

Si antes la decisión era compleja, la pandemia por el virus SARS-CoV-2 desbloqueó un nuevo nivel de dificultad. La Fundación Peter G. Peterson publicó una infografía en la que aseguró que la deuda federal bruta de EE.UU. superó los USD 28.000.000.000.000 para marzo del 2021. Es decir, USD 218.000 por familia u 85.000 per cápita.

Esto implica que la deuda es más grande que las economías de China, Japón, Alemania e India juntos. Esa deuda incluye la deuda pública además de los fondos fiduciarios y otras cuentas. Es decir, lo que Estados Unidos le debe a otros más lo que se debe a sí mismo.

No hay duda que los crecientes compromisos financieros ponen en peligro el futuro económico de la nación entera. De hecho, si ya el país poseía una carga fiscal cada vez más gravosa, la llegada de la pandemia profundizó las dificultades económicas del país.

Hay cuatro factores que inciden de forma directa en el déficit presupuestario federal:

  • El COVID-19
  • Recortes de impuestos
  • Gastos sociales obligatorios
  • Gasto militar

Veamos ahora los que causan más controversia: los recursos para la pandemia y el gasto militar.

Deficit fiscal por la pandemia

Para enfrentar las graves dificultades económicas causadas por el virus y el confinamiento, EE.UU. aprobó cuatro leyes que, en total, suman alrededor de USD 500 mil millones. Este dinero se reparte entre los organismos gubernamentales, ayudas directas, coberturas de seguros, ayudas para desempleos, hospitales y PyMEs.

Gasto militar

Desde el año 2001 el presupuesto de defensa ha crecido exponencialmente. De hecho, es tan alto que supera a los presupuestos de las 10 siguientes potencias más grandes del mundo… juntos. Incluso, es la mayor parte del déficit presupuestario y no puede reducirse ese déficit sin disminuir el gasto bélico. Aun así, muchas voces abogan por reducir todos los gastos menos el militar.

¿Saldrá Estados Unidos del Medio Oriente?

Es difícil dar una respuesta a esta pregunta con tantos elementos en juego, tanto en el interior como en el exterior de Estados Unidos.

La mayoría se mantiene expectante a que la administración de Biden envíe al congreso su propuesta para el presupuesto del año 2022 y para el programa de defensa en el período 2022 – 2026.

Biden se enfrenta a complicadas decisiones que pueden colocarlo en un punto lejano a sus promesas de campaña. Especialmente si se trata de promesas mutuamente excluyentes, como abandonar el Oriente Medio y liderar nuevamente en el mundo.

Por si fuera poco, el nuevo presidente hereda una economía consumida por el gasto militar y que representa más de la mitad del presupuesto discrecional total de todo el gobierno federal. Es que incluso el gasto militar que dejó Trump es significativamente más alto que el que heredó en 2017. Es por esto que Biden aseguró que Trump abandonó toda disciplina fiscal en cuanto a gastos de defensa.

Por el momento, la pelota está en la cancha de la administración de Biden y su habilidad política para decidir si realmente vale la pena mantener la presencia militar en el Medio Oriente y cuál gasto privilegiar sobre el otro.

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