La escasez de chips y el nacionalismo

La escasez de chips y el nacionalismo

La escasez de chips y el nacionalismo no parecen tener mucho en común. Sin embargo, muchos países están afrontando esta crisis como una cuestión de naciones. Los expertos consideran que esta escasez puede resolverse por sí misma. En tanto, los subsidios gubernamentales conducirán a un exceso de capacidad y desperdicio. Sin embargo, es bien sabido que la‎‎ crisis de una compañía es la oportunidad de otra.

La escasez de semiconductores ha ayudado a aumentar las valoraciones de empresas como ‎‎Nvidia,‎‎ cuyos chips impulsan todo lo imaginable, desde videojuegos hasta aprendizaje online y centros de datos. Sin embargo, el tiempo de auge para los vendedores significa miseria para los compradores. 

Los fabricantes de automóviles, cuyos productos se han convertido en computadoras sobre ruedas, se encuentran entre las víctimas de esta crisis. Las ganancias de Ford, el segundo mayor fabricante de automóviles de Estados Unidos por volumen, cayeron a la mitad en el trimestre más reciente en medio de una escasez mundial de chips.

Los analistas dicen que la industria podría construir alrededor de 5 millones menos de automóviles este año, todo por falta de sus componentes más pequeños.‎

Todos sufren la escasez

Los fabricantes de automóviles no son las únicas empresas que sienten el dolor. Apple y Microsoft también han advertido que se verán afectados. Los políticos ya lo saben. Es así que los chips ya figuran en toda agenda política que se precie.

En agosto, la vicepresidente de Estados Unidos, Kamala Harris, visitó Vietnam, que tiene una floreciente industria electrónica. A su vez, Angela Merkel, la canciller alemana saliente, lamentó la pequeña participación de Europa en la producción mundial de chips.‎

¿A qué se debe la escasez de chips?

La escasez es el resultado de un aumento repentino de la demanda. La fabricación de chips es un negocio cíclico que, entre subas y bajas, ha disfrutado de un fuerte crecimiento durante décadas a medida que las computadoras se cuelan en todos los rincones de la sociedad. 

Esa tendencia se vio amplificada por el confinamiento. Los consumidores encerrados compraron online, iniciaron sesión en reuniones de forma remota y pasaron las horas con transmisión de videos y videojuegos.

El resultado se traduce en un aumento en la demanda de los semiconductores que alimentan los centros de datos y los dispositivos que hacen posible tales cosas. A su vez, este comportamiento sobrecarga las fábricas de pedidos.‎

Tres consecuencias de la crisis

‎La crisis ha tenido tres consecuencias: dos alentadoras y una no tanto.

Primera consecuencia: boom de inversión 

Los grandes productores como Intel, Samsung y ‎‎tsmc‎‎ planean gastar cientos de miles de millones de dólares en capacidad adicional en los próximos años.

Como en muchos mercados, los precios altos son la mejor cura para los precios altos.‎

Segunda consecuencia: adaptación

Los clientes de la industria de los chips también se están adaptando. Cuando la demanda colapsó al principio de la pandemia, los fabricantes de automóviles redujeron sus pedidos a los fabricantes de chips.

La industria automotriz, por su gran tamaño e influencia, está acostumbrada a dar órdenes a los proveedores. Pero, una vez que la demanda de chips finalmente recuperó su volumen, la industria automotriz se encontró al final de la cola. Este hecho se debió a los largos plazos de entrega y la competencia de capacidad por parte de la industria tecnológica, que es aún más grande y mucho más influyente.‎

‎La desagradable experiencia de ser el que suplica en lugar del jefe empujó a los fabricantes de automóviles a tomar un control más estricto de los suministros de componentes vitales.

Por ejemplo, Volkswagen ha anunciado planes para desarrollar sus propios chips de asistencia al conductor. Otras empresas forjan relaciones más estrechas con los fabricantes de chips. La firma japonesa Toyota ha resistido relativamente bien la escasez de chips. Esto es, en parte porque su proceso fue más lento para reducir los pedidos cuando llegó la pandemia. En junio, el gran proveedor de piezas automotrices Robert Bosch  inauguró su fábrica de chips de € 1 mil millones (USD 1.2 mil millones) propia en Dresden. 

Tercera consecuencia: tecnonacionalismo

El tercer efecto no deseado fue una oleada de tecnonacionalismo. Estados Unidos planifica gastar millones de dólares para atraer a los fabricantes de chips del este de Asia. Europa quiere duplicar su participación en la producción mundial, hasta el 20%, para 2030. Incluso Gran Bretaña ha declarado que el destino de una pequeña fábrica de chips en Gales es una cuestión de seguridad nacional.‎

La escasez de chips y el nacionalismo

‎Así, vemos que la escasez de chips y el nacionalismo tienen más en común de lo que parecería a simple vista. Hay algo de cierto en el argumento de que los chips han llegado a ocupar lo que solía llamarse las “alturas dominantes” de una economía. Esto es similar a lo que hicieron las refinerías de petróleo o las fábricas de automóviles en el siglo 20. La concentración de la producción en Taiwán, en particular, es un riesgo geopolítico incómodo. 

Pero como descubrieron los Gobiernos del siglo pasado, los subsidios conducen a un exceso de capacidad y saturación. Y, eventualmente, necesitarán más dinero público para apuntalar a las empresas no competitivas. 

La escasez de chips es principalmente un problema que se resuelve en sí mismo. Por esto, los Gobiernos deben resistir la tentación de verse a sí mismos como salvadores. 

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