La gran escasez mundial y el “efecto látigo”

La gran escasez mundial y el “efecto látigo”

La gran escasez mundial y el “efecto látigo” ya está azotando a ciertos países, como Estados Unidos y regiones como Latinoamérica. El costo del transporte complica el panorama.

La gran escasez mundial y el “efecto látigo” ya se hacen sentir. Es difícil imaginar que en Estados Unidos, uno de los países más ricos del mundo, exista escasez de ciertos productos. Pero comprar un auto nuevo, muebles o materiales de construcción, dejó de ser una tarea fácil. En muchos casos los consumidores deben esperar meses antes de conseguir el producto que están buscando.

Normalmente, muchas empresas mantienen los inventarios al mínimo para abaratar costos. Pero cuando ocurren situaciones como estas, se quedan sin la cantidad de productos necesarios para satisfacer la demanda. Es que el atasco en la salida de contenedores desde los principales puertos del mundo está provocando interrupciones intermitentes en las cadenas de suministro.

Escasez mundial por transportes

El problema es que con la pandemia se alteró el ritmo del flujo del comercio internacional. Cuando aumenta el consumo en varios países al mismo tiempo, los puertos, las vías oceánicas, los trenes y aviones que transportan los productos se ven desbordados.

Del mismo modo, tampoco han dado abasto algunas industrias que producen piezas esenciales para la fabricación de otros productos. Este es el caso de los microchips, por ejemplo.

“Algunos consumidores no van a encontrar las cosas que necesitan”, advirtió Neil Sunders, analista de comercio minorista de la consultora Global Data Retail.

Autos, computadoras, muebles, ropa y comida

Justamente, la escasez de semiconductores le ha ocasionado problemas a los fabricantes de autos, computadoras, laptops, celulares o consolas de videojuegos.

“Pueden pasar uno o dos años hasta que la industria se pueda poner al día con la demanda”, declaró el director ejecutivo de la empresa Intel, Patrick Gelsinger.

Lo mismo está pasando con algunos materiales para fabricar ropa, zapatos o comida. La lista es interminable.

Con un equilibrio tan precario, un tifón en China o el cierre de una fábrica en Vietnam por COVID-19 genera una especie de caos.

“Nadie puede conseguir nada”, dijo Steve Lamar, director ejecutivo de la Asociación Estadounidense de Ropa y Calzado. “Comprá tus regalos de navidad ahora, si podés”.

La disrupción del comercio

Algunas firmas (como Legwear & Apparel, que fabrica productos para marcas como Puma, Champion y Skechers) confirmaron que los costos de los fletes han escalado ya que muchos contenedores están varados en algunos puertos

Christopher Volpe, director de Operaciones y Finanzas de la compañía, dijo que están pagando unos USD 24.000 para enviar contenedores desde Asia a Estados Unidos. Antes de la pandemia, el precio normal solía ser USD 2.000.

Las historias de restaurantes que han tenido que cambiar su menú se repiten todos los días, desde Corea del Sur a Estados Unidos.

Aunque estas sean situaciones excepcionales, la disrupción del comercio internacional ya es una tendencia. Esta demuestra que la gran escasez mundial y el “efecto látigo” llegaron para quedarse.

Hasta el 2022

Algunos vendedores minoristas dicen que solo tienen suficientes productos para satisfacer la demanda por un poco más de un mes. Esta situación implica uno de los más bajos niveles de inventarios desde 1992, según la Oficina del Censo de Estados Unidos.

Hay mucha incertidumbre sobre lo que puede ocurrir en el futuro. Las interrupciones en el suministro podrían continuar “hasta bien entrado 2022”, declaró hace unos días el presidente de la Reserva Federal de St. Louis, James Bullard.

Según cómo evolucione la demanda y la oferta, habrá unas semanas en que los consumidores verán escasez de ciertos productos y más tarde serán otros.

A veces se debe a problemas con el flujo de trenes y camiones. Otras veces porque no llegan los envíos internacionales, o falta mano de obra. Esta es otra consecuencia de la gran escasez mundial y el “efecto látigo”.

Un nuevo desequilibrio

“Creo que el principal efecto de la escasez global de muchos bienes será un mayor desequilibrio de inventarios en el futuro”, dice Willy Shih, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard.

Ante la escasez actual, explica, las empresas están pidiendo órdenes adicionales o tratando de conseguir sus productos a través de canales logísticos obstruidos.

Con el tiempo, cuando los proveedores se pongan al día, es probable que veamos excedentes en diversas áreas, afirma Shih. Es parte del desequilibrio en el sistema.

“Esto sucedió con los rollos de papel higiénico durante el último año. Primero hubo desabastecimientos y luego excedentes”, explica el economista.

El “efecto látigo”

A esta situación se la conoce como el “efecto látigo” en las cadenas de suministro. Ocurre porque las empresas compensan en exceso la escasez y terminan con demasiado stock.

“Otra cosa que será difícil de evitar serán las presiones inflacionarias. Muchos costos de logística han alcanzado récords últimamente. Eventualmente, alguien tiene que pagar por ellos”, señala Shih. “Posiblemente, serán los consumidores”.

Por otro lado, las empresas más pequeñas que no puedan traspasar los costos, se exponen a una situación crítica en sus finanzas.

Los precios de los embarques se dispararon

En Europa el fenómeno es similar. Las tarifas de flete desde Shanghai a Rotterdam (Países Bajos) han aumentado hasta 596% en comparación con el precio del año pasado.

Según cálculos de Bloomberg, los cuellos de botella de la cadena de suministro global han multiplicado las tarifas en las rutas populares hasta seis veces en el último año.

Así, los costos de envío más altos y las dificultades para reabastecer los inventarios rápidamente, cuentan los expertos, terminarán afectando a los consumidores en la mayor parte de los países.

Repercusión en América Latina

Esta es una situación que ya está dejando huellas en América Latina.

“Nunca había visto algo así”, cuenta Blanca Figueroa desde Chile. Hace poco llegó a vivir a su nuevo departamento en Santiago. Desde ese momento, le ha resultado muy difícil conseguir todos los productos que necesita. “Es muy difícil comprar. He buscado sillones, mesas, sillas, camas. Para conseguir algunos productos hay que esperar meses”, agrega.

Una situación parecida se vive en otros países de la región.

Por ejemplo en El Salvador. Los precios del acero y derivados como el hierro, entre otros, han aumentado a causa del incremento en el valor de los envíos internacionales. Otra razón es el alza en el precio del petróleo, en un margen que bordea el 30% o el 50% según el producto.

El más afectado: el sector de la construcción

El sector de la construcción en Latinoamérica ha tenido complicaciones. Sobre todo, para conseguir varios de los suministros que necesita, tal como ocurre en Estados Unidos.

Los precios de los fletes marítimos internacionales pegaron mucho. Y el aumento de la demanda provocó que bajara la capacidad de espacio para estos países en desarrollo”, comenta el gerente de sucursales de Viduc Ferreterías, Danilo Blanco,

Autos usados en suba

En el caso de los autos usados, también subieron los precios, como ya ocurrió en varios países de la región.

“Estamos viendo un incremento en los precios, tanto por una mayor demanda, como porque no hay vehículos nuevos en el mercado”, dijo Alejandro Guerra, director general de Kavak, empresa dedicada a la compraventa de autos “seminuevos”.

Manufactura

A su vez, Gerardo Tajonar, presidente de la Asociación Nacional de Importadores y Exportadores de la República Mexicana (ANIERM), dijo que las disrupciones en las cadenas de suministros han afectado a varios sectores del país, particularmente la manufactura.

“Las empresas mexicanas no tenían un plan de contingencia, las tomó por sorpresa. Por eso hay que crear estrategias de mitigación de riesgo”. Además, agrega que a nivel del consumidor se ha visto un aumento de precios en bienes como autos, productos de diseño y ropa de marcas, más que en la canasta básica.

“Más que escasez, yo diría que hay falta de variedad en algunos productos”, concluye.

Nadie estaba preparado para las contingencias

Quien tampoco ve una perspectiva estratégica global muy clara para enfrentar estas contingencias es Gerard Reinecke, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

“El problema con las cadenas globales está influyendo en el empleo. Pero aún no tenemos cómo cuantificarlo, es demasiado pronto”, explica.

De todos modos, si las cosas continúan así, los consumidores se verán afectados por precios más altos en algunos productos o tendrán que esperar más tiempo para conseguirlos.

Durante la pandemia, los costos de transporte de las importaciones en Latinoamérica se dispararon. Por ejemplo, el costo del flete de un contenedor entre Shanghai y América del Sur antes de la crisis sanitaria era de unos USD 2.000 promedio. Ahora subió a cerca de USD 7.000, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo, BID.

Más integración

Según Mauricio Claver-Carone, presidente del BID, la pandemia ha expuesto las vulnerabilidades de la región. Pero también está dando una gran oportunidad para resolver los problemas.

“Tenemos que facilitar la inversión en las cadenas de suministro y aumentar la integración intrarregional”, comenta.

La integración es escasa, agrega. Debemos considerar que Latinoamérica es una de las regiones menos integradas del mundo. Este factor aumenta la dependencia de la región de los productos importados.

Solo el 14% de nuestro comercio ocurre a nivel intrarregional, comparado con el 59% de Europa y el 41% de Asia Oriental, explica Claver-Carone.

Por décadas los expertos en comercio internacional han recomendado mejorar la integración regional. Sin embargo, lo cierto es que poco se ha avanzado.

Tal parece que ante el nuevo escenario y la incertidumbre que provoca el futuro, las empresas y países que no reaccionen a tiempo o que no tengan la capacidad de asegurar un flujo constante de suministros, pueden comenzar a quedar rezagados.

Quién llevará la delantera

En medio de las alteraciones inducidas por la pandemia William Lazonick, presidente de la Red de Investigación Académico-Industrial de Estados unidos, afirma que estamos viendo cambios importantes en la ventaja competitiva internacional. 

Es que la escasez global de muchos bienes no solo refleja los efectos de la pandemia y la política de las empresas de mantener inventarios reducidos al mínimo en las últimas décadas.

Refleja también, dice Lazonick, que las principales empresas estadounidenses de alta tecnología han desperdiciado su liderazgo mundial. Asimismo, pone sobre la mesa dudas sobre cuán agresivas han sido algunas empresas en repartir dividendos sin hacer las inversiones necesarias para cuando se producen momentos de emergencia como el actual.

Vemos así que la gran escasez mundial y el “efecto látigo” son casi inevitables. Frente a toda esta información, es interesante reflexionar sobre a quién podría beneficiar semejante caos y disrupción. A los ciudadanos comunes seguramente no.

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