La Nueva Ruta de la Seda, la rápida recuperación de las empresas

La Nueva Ruta de la Seda, la rápida recuperación de las empresas

Hablar de la Ruta de la Seda es recordar aquella ruta comercial y de intercambios que se estableció entre las grandes civilizaciones del siglo I a.C: helenos y chinos. Lo que comenzó como una forma de llevar sedas hasta Grecia para satisfacer la demanda de ese género, se convirtió con el paso de los siglos en una extensa de intercambio tecnológico e intelectual que cubrió toda Asia y parte de Europa y África. A semejanza de ese hecho histórico, la China actual intenta desarrollar la Nueva Ruta de la Seda con el fin de impulsar su desarrollo económico. El gigante pretende lograr ese objetivo a través de diversos medios y rutas de comunicación: ferrocarriles, puertos, carreteras y redes eléctricas.

El inicio de la Ruta de la Seda moderna

El presidente de China, Xi Jinping, pronunció en 2013 un discurso al que llamó “Promover la amistad entre pueblos y crear un futuro mejor”. En el mensaje, dirigido a Kasajistán en un primer momento, Jinping propuso crear un “Silk Road economic belt”. Es decir, un cinturón económico de la Ruta de la Seda. Su objetivo era renovar las relaciones amistosas, comerciales y cooperativas que existieron entre los pueblos de Asia Central durante el apogeo de la Ruta.

Así dio inicio a una nueva era en el desarrollo de China, al que Jinping llamó “el proyecto del siglo”y que configuró su política exterior. De hecho, en 2017 el Partido Comunista agregó un apartado para incluir la Ruta de la Seda en su Constitución.

8 años después

Casi una década después del mensaje del presidente chino en Kazajistán, más de 165 países se encuentran inscritos en el proyecto. El propósito de estos países y algunas organizaciones es obtener financiamiento para la construcción y reestructuración de la infraestructura física que se requiere para implementar la Ruta de la Seda. Por ejemplo, redes de tuberías, eléctricas, vías de comunicación, entre otras.

Así, China desea buscar mercados para su sobrecapacidad industrial, facilitar el comercio entre los países participantes y mejorar las relaciones diplomáticas con ellos.

Por supuesto, este financiamiento no es gratuito. De hecho, son préstamos en los que incurren esas naciones. Aunque en el mensaje del 2013 Jinping aseguró que no procuraba influir en las decisiones soberanas de los países, la realidad es que la Nueva Ruta de la Seda se convirtió en el centro de acalorados debates y de discusiones preelectorales.

Y debe ser así, porque se habla de unos USD 500 mil millones en préstamos para lograr afianzar esa red comercial. Sin embargo, los países más pequeños no lo ven tan fácil. Por ejemplo, Sri Lanka debió entregarle un puerto a una empresa china para aliviar parte de los USD 8 millones de dólares que le debía al país.

Otros países renegociaron proyectos para obtener otros más económicos. Tal es el caso de Malasia, que redujo a un tercio la deuda al renegociar un proyecto ferroviario.

Las rutas de la Nueva Ruta de la Seda

Básicamente, China tiene proyectos en el sudeste asiático, océano indico, África oriental y parte de Europa. Además, uno de sus propósitos es alcanzar también a toda Latinoamérica, lo que explica la creciente presencia en los países de esta región. Estas son las rutas marinas que existen o que están proyecto.

Existen rutas terrestres (carreteras, trenes, oleoductos y gasoductos) que conectan a China con buena parte de Asia Central y Europa. Por ejemplo, existe la ruta ferroviaria que conecta a Madrid con la ciudad china de Yiwu. Se le considera la más larga del mundo con más de 13.000 km.

Lo mismo ocurre con Rusia y Kazajistán, hacia donde se comenzaron a extender tuberías para el transporte de gas y petróleo.

nueva ruta de la Seda
Las redes de la Nueva Ruta de la Seda

Por supuesto, hay más que eso: nuevos parques industriales, proyectos inmobiliarios, tratados de libre comercio y un gran etcétera que representa un gran cambio en la dinámica comercial del mundo, pero también en las economías locales y en el rostro de las ciudades involucradas.

Esta fue una de las propuestas de la think tank Center for China and Globalization al gobierno de ese país. Es decir, priorizar la construcción de parques industriales en los países extranjeros con el fin obtener ayuda para aumentar las exportaciones.

Cuando surgió y a lo largo de los 8 años, se esperaba que la Nueva Ruta de la Seda revitalizara los mercados bursátiles del país.

El crecimiento empresarial de la Nueva Ruta de la Seda

Hasta el año 2020 Estados Unidos se preciaba de ser el país con mayor número de empresas gigantes y de alto perfil. Sin embargo, en ese año China irrumpió como economía emergente y destronó al país americano.

El recuento lo publica la revista Fortune en su lista Global 500, quienes afirmaron que hay más empresas gigantes en China que en cualquier otro lugar del mundo. Y en el selecto grupo de las cinco empresas más grandes del mundo, entran tres chinas:

  • Sinopec Group (ingresos por USD 407 mil millones)
  • State Grid (USD 384 mil millones)
  • China National Petroleum (USD 379 mil millones)

Por supuesto, no son las únicas. Si sumamos los ingresos de las 10 empresas más grandes de China, se obtiene un aproximado de más de USD 2.3 mil millones.

Hay que tomar en cuenta que en 2003 solo había 11 empresas chinas en la lista de Fortune. Hoy hay 124 y en Estados Unidos, 121.

Pero esto no es todo. En 2017, un reporte de PwC’s Research demostró que alrededor de 235 de las 2.000 empresas más grandes del mundo se ubicaban en 11 países de emergentes que forman parte de la Nueva Ruta de la Seda.

Es con ese objetivo en mente que el gobierno chino ha impulsado la recuperación de las empresas en medio de la pandemia. Buena parte de la sociedad china continúa trabajando y moviendo la maquinaria económica con normalidad.

Obstáculos y pandemia

Antes de la pandemia, China tenía algunas dificultades para establecer La Ruta, debido a que ciudadanos de varios países se oponían a los proyectos.

Por ejemplo, en ciudades como Londres y Atenas la inversión china encareció los alquileres, lo que afectó a los habitantes de esas ciudades. Además. agrava el desplazamiento de residentes de bajos ingresos y minorías étnicas. Otro ejemplo: la población de Myanmar logró la paralización de un proyecto de ferrocarril valorado en 20 millones de dólares.

Por supuesto, esto no lo hace China sola, ya que cuenta con la participación de los gobiernos nacionales y el sector privado. Pero la creciente presión del componente social es un factor a considerar.

Otros dos obstáculos: la geografía salvaje y el estado de derecho. Asia Central posee innumerables montañas abruptas, pasos empinados y desfiladeros. Y en cuanto al estado de derecho, se trata del compromiso de los gobiernos en respetar la propiedad privada y la inversión extranjera.

La “Nueva Ruta de la Seda en Salud”

Pero el mayor problema de todos fue la inesperada llegada del virus de la COVID-19. Es cierto que China se ha recuperado rápidamente de los efectos económicos de la pandemia. Pero los problemas siguen para el país asiático, ya que la mayoría de sus socios comerciales están paralizados.

Es decir, los mismos países responsables de la adquisición, distribución y exportación de la sobrecapacidad china. Incluso, algunas de esas naciones se enfrentan a la imposibilidad de cumplir con sus compromisos económicos por las prolongadas cuarentenas.

Esta es una de las razones por las que también surgió lo que se podría llamar la “Nueva Ruta de la Seda en Salud”. Esta consiste en la financiación para la investigación de las vacunas, distribución de material médico, construcción de instalaciones sanitarias, etc.  Al parecer, China siempre encuentra la oportunidad para seguir extendiendo su influencia.

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