La Odisea de ir al Supermercado

La Odisea de ir al Supermercado

Ir al supermercado se convirtió en toda una odisea, no apta para gente sensible.

Necesitás comprar los alimentos básicos para alimentar a tu familia. Entonces, pensás en ir al supermercado, y una duda aterradora te estremece: ¿me alcanzará?

Dentro del supermercado, te sentís en un mundo paralelo. ¿Puede ser que hoy compre la mitad de lo que compraba hace nada más que 15 días? ¿Un frasco de café descafeinado a $666 es algo normal?, te preguntás desorientado.

Estás en la cola de las cajas y te encontrás rezando por lo bajo para que el dinero que llevaste (o el que tenés en tu tarjeta de débito o crédito) sea suficiente y no te hagan dejar la mitad de la mercadería.

¿Algo de este escenario te resulta familiar?

Antes ibas al cine a experimentar distintas emociones. Hoy no hace falta pagar una entrada.

La odisea de ir al supermercado reemplazó a la ficción.

Es así que los precios en los supermercados no dan tregua. Los precios máximos y precios cuidados sirven de poco a los bolsillos por demás empobrecidos de los argentinos.

La tensión por los precios, sobre todo los de la canasta básica, está lejos de llegar a su fin.

Más presión para el bolsillo

Las herramientas que utiliza la Secretaría de Comercio Interior para intentar frenar los aumentos son cada vez más, pero no dan resultado alguno.

En marzo, los precios aumentaron un 4,6%, por encima de lo que se estima que será la inflación general, más cercana al 4,1%.

Esta semana se dará a conocer el número oficial del INDEC, pero la mayoría de las consultoras predicen que los incrementos en los alimentos van a superar el índice total.

Solo en la primera semana de abril, se confirmó un alza de los alimentos del 1,3%. Para ponerlo en contexto: la inflación anual de Brasil en 2020 fue del 4,5%.

Incrementos en los precios

Los productos que más subieron en los últimos siete días fueron los  lácteos y los huevos, que se encarecieron 4,6%. Le siguen las comidas listas para llevar (+2,1%), las carnes y los panificados y cereales (+0,9%) y las verduras (+0,7%).

Esto muestra una aceleración respecto de las últimas semanas de marzo. Además, es un registro sumamente alto, que deja un arrastre con un piso del 3,6% para lo que queda de abril.

Por más controles y “congelamientos” que existan, no todos se trasladan a los alimentos de la misma forma.

Algunos especialistas discuten el hecho de que, en ciertos almacenes y mini supermercados pueden apreciarse los “precios reales” versus los “precios cuidados” o “precios máximos”.

A decir verdad, las grandes cadenas no van a dejar pasar la oportunidad de obtener un excedente. Por este motivo, los precios que no pueden subir en ciertos artículos, los agregan a otros.

Precios e Inflación

En marzo, la inflación de alimentos y bebidas superó el 4%. Esta acumula casi 15% en el primer trimestre y se ubica muy por encima de una inflación general ya de por sí elevada (11,5%). La inflación de los alimentos suele ser una buena referencia para la inflación del “bolsillo”. Esta nos da un indicio de que la caída del poder adquisitivo en los primeros meses del año fue estrepitosa.

“Los precios de los alimentos  se ajustan ‘como si el dólar hubiera pegado un salto’”, explica Juan Ignacio Paolicchi, analista de Empiria. “Esto es consecuencia directa de la emisión pasada, que está pasando factura en el nivel de precios”, agrega.

Controles sin controlar

La Secretaría de Comercio Interior, mientras tanto, muestra su gestión con advertencias y herramientas de control. Así fue que la semana pasada amenazó con cerrar las exportaciones de carne si los precios no paran de subir.

Asimismo, el Gobierno ya elaboró dos herramientas, el Sipre y el Sifire, para controlar stocks y precios en el primer caso y para someter el lanzamiento de nuevos productos a la autorización oficial en el segundo. 

El argumento oficial es que las empresas de consumo masivo utilizan la estrategia de la innovación. Con este fin intentan  esquivar controles de precios en artículos que ya están bajo el paraguas de Precios Cuidados.

¿Precios Cuidados Y Precios Máximos?

Precios Cuidados es otra de las herramientas consensuadas con la que el Gobierno quiere controlar la inflación de los alimentos y otros productos de consumo masivo. Con subas promedio del 4,8%, el programa voluntario se renovó hasta mediados de julio con 670 productos en la lista.

Contrariamente a lo que se creía —y a lo que afirmaron fuentes oficiales en distintas ocasiones— la lista de Precios Cuidados no se engrosó demasiado. El motivo fue su “hermano malo”, Precios Máximos. Esta es la herramienta obligatoria (no consensuada) por la que el Gobierno determinó que las empresas de consumo masivo retrotraigan sus precios al 6 de marzo de 2020, en un contexto de emergencia que todavía no cede.

Empresas en Pie de Guerra

Unos 2.300 productos tienen sus valores “semicongelados” (porque se autorizaron algunos aumentos, que igual no llegaron a compensar la suba de costos) hace más de un año. Las empresas se encuentran en pie de guerra: ya intentaron un recurso administrativo para parar el Sipre (todavía sin respuesta). Asimismo, preparan otro para el Sifire. Muy por lo bajo, ya piensan en estrategias para lidiar con Precios Máximos.

Por el momento, hubo dos comunicados de AmCham, la cámara de comercio que nuclea a empresas estadounidenses, como Walmart y Pepsico, ambas jugadores clave en este segmento. “Precios máximos: Los tiempos se acortan” es su título.

En el texto explican que Precios Máximos conlleva riesgos como la pérdida de rentabilidad de las empresas, la  imposibilidad de generar nuevos empleos, una limitación en nuevas inversiones y el desabastecimiento de productos en el punto de venta.

También aclara que hay empresas con hasta el 30% de sus productos con rentabilidad negativa. Para concluir, lanza una advertencia: “Ante un ambiente regulatorio hostil, restrictivo e imprevisible, nadie planifica a mediano y largo plazo. Por lo tanto, la recuperación económica va a ser limitada e insuficiente”.

La Odisea de ir al Supermercado

Mientras Gobierno y supermercados se pelean, el único perjudicado es el consumidor, que debe hacer magia para poder subsistir entre los precios y el desabastecimiento. 

El resultado es siempre el mismo: salir del supermercado con la sensación de haber sido atacado por un tornado. Esta es parte de la Odisea de ir al Supermercado.

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