Latinoamérica, arrasada por la pandemia

Latinoamérica, arrasada por la pandemia

Latinoamérica, arrasada por la pandemia. Sus habitantes dan fe de ello. El PBI mundial se contrajo un 3% el año pasado, pero el de América Latina y el Caribe cayó un 7%.

Antes de que la pandemia golpeara a la región, Jaime Alirio Pinilla, un hombre de 45 años de Bogotá, Colombia, fue empleado como trabajador de la construcción. “Debido a esta problema perdí mi trabajo y ahora trabajo en las calles”, dice, de pie detrás de un carro de acero desde el que vende jugo de naranja, dulces, cigarrillos y café. 

Colombia tuvo uno de los confinamientos más largos del mundo. Ahora también cuenta con enfrentamientos diarios entre manifestantes y fuerzas de seguridad, ya que los disturbios por la situación económica continúan hace varias semanas. “Llevamos más de un año encerrados y no podemos soportarlo más”, dice Pinilla. “La economía está arruinada. Estamos sobreviviendo, no viviendo”. Un sentimiento que compartimos muchos en diferentes países de Latinoamérica.

Latinoamérica, arrasada por la pandemia

La pandemia de COVID-19 provocó la recesión global más profunda desde la segunda guerra mundial. Pero a esta región le ha ido peor económicamente que a cualquier otra. El PBI mundial se contrajo un 3% el año pasado, pero en América Latina y el Caribe la producción cayó un 7%, la peor de todas las regiones rastreadas por el FMI (aunque a India, casi una región en sí misma, le fue peor). Es que Latinoamérica fue arrasada por la pandemia.

En 2020 los habitantes de América Latina trabajaron un 16% menos de horas. Esto es casi el doble de la pérdida a nivel mundial. A varios países de la región les ha ido extraordinariamente mal: el PBI de Perú, por ejemplo, cayó un 11% el año pasado. Y mientras que algunas economías ahora están retrocediendo a medida que se levantan las restricciones, en América Latina el estado de ánimo se está oscureciendo.

La explicación más simple para el terrible desempeño de la región se relaciona con la salud pública. Los analistas estiman que América Latina y el Caribe tienen el mayor número de muertes por la pandemia en relación con la población de las regiones del mundo. En muchas partes de América Latina, el COVID-19 y sus consecuencias sanitarias, económicas, financieras y sociales hacen estragos.

En Brasil, la cifra oficial de muertos diarios en un momento dado superó los 4.000 al día (ahora son unos 2.000). Incluso los países que anteriormente habían hecho un buen trabajo de control de la pandemia, como Uruguay, están luchando con un número de casos a gran escala.

Los confinamientos más largos del mundo

La propagación de la enfermedad estimuló a algunos Gobiernos de toda la región a implementar los confinamientos más duros y largos del mundo. Goldman Sachs asigna una puntuación de cero a 100 para evaluar la severidad de las reglas de un país sobre el confinamiento, el grado de adhesión a tales restricciones y cualquier distanciamiento social voluntario. Ninguna región ha estado confinada en sus casas más que América Latina. Con cuarentenas eternas —como la de Argentina, por ejemplo— Latinoamérica tuvo un movimiento de 70% más limitado que en América del Norte.

Es así que Argentina y Chile fueron el segundo y cuarto país más restringido del mundo, respectivamente. Perú encabeza la lista. Allí no estaba permitido salir de casa, excepto para comprar comestibles. La policía y los soldados aplicaron un toque de queda estricto. En algunos otros países los toques de queda fueron más velados, pero no por eso menos destructivos.

Los confinamientos tan duros hacen imposible la actividad económica. Esto sucede aunque muchas de las personas más pobres de la región no tengan más remedio que desafiar las órdenes de quedarse en casa, en un intento de llegar a fin de mes.

Otros factores de descalabro

Además de la gravedad del brote en América Latina y los confinamientos asociados, existen otros dos factores que han contribuido a la dolorosa contracción económica de la región. La estructura de las economías locales y la escala y el diseño del estímulo fiscal son de gran importancia.

Examinemos primero la estructura económica. Una serie de pruebas sugieren que la región es especialmente vulnerable a los confinamientos. Muchos países de América Latina y el Caribe dependen en gran medida de los ingresos de los turistas internacionales. Aruba, una isla holandesa en el Caribe que depende especialmente de sus visitantes, vio caer su PBI en 25% en 2020.

Una investigación reciente del FMI estima que el empleo en lo que es llamado sectores intensivos de contacto (el tipo de tareas en la que es imposible hacer algo sin estar físicamente cerca de otros) es especialmente importante en América Latina y el Caribe. Los empleos en industrias como restaurantes, tiendas o transporte público representan el 43% del empleo total, en comparación con el 30% en los mercados emergentes en su conjunto. Este punto contribuyó a que Latinoamérica fuera arrasada por la pandemia.

Al ser una región con alta desigualdad, América Latina tiene una proporción inusualmente grande de personas que trabajan como personal doméstico para la gente más adinerada. Esto implica inherentemente la mezcla de hogares. En un artículo reciente, Louisa Acciari, del University College de Londres, y sus colegas encuestaron a trabajadores domésticos en varios países y encontraron historias de equipos de protección personal inadecuados y violaciones de sus derechos. 

Política fiscal en apuros

El factor final detrás del terrible desempeño económico de la región es la política fiscal. Una forma de medir si la respuesta fiscal de un país a la pandemia ha sido adecuada implica comparar dos cosas: el cambio en el déficit presupuestario general de un país y su pérdida de producción durante la pandemia.

Tomando prestada una metodología desarrollada en una investigación de Goldman Sachs, se calculó la idoneidad del estímulo inducido por la pandemia para 193 países. Muchos Gobiernos de todo el mundo, por cada dólar de producción perdida han aumentado su gasto en un dólar. Algunos Gobiernos, como los de los Estados Unidos y Australia, han sido sustancialmente más generosos. América Latina, aunque ha puesto en práctica un estímulo fiscal mayor que en recesiones pasadas, fue tacaña incluso en relación con otros mercados emergentes. Es así que se agregaron apenas 28 centavos de gasto deficitario adicional por cada dólar de producción perdida.

Diseños de estímulos deficitarios

El diseño del estímulo también tiene deficiencias. Los países con los planes más exitosos han enviado grandes cantidades de dinero directamente a sus habitantes. Esto ayudó a romper el vínculo entre la pérdida de empleos y los recortes en el gasto de los hogares. De este modo, se apoyó a la economía. América Latina, por el contrario, ha centrado principalmente sus recursos en otros lugares, incluso en la creación de sistemas de atención de la salud con financiación insuficiente.

No todos los países latinoamericanos han tomado esta ruta. En Brasil, el gasto del Gobierno de Bolsonaro ha compensado casi por completo la pérdida de producción. Esto ayudó a reducir la incidencia de la pobreza extrema incluso cuando la pandemia se apoderó del país. Aunque el nivel de ayuda de emergencia a los hogares pobres ha disminuido recientemente.

Sin embargo, algunos Gobiernos han sido desconcertantemente austeros. En ningún otro país se ve esto mejor que en México. El pobre programa de estímulo de México (de 17 centavos por dólar de gasto perdido) deriva de las sensibilidades monásticas y autárquicas de su presidente, López Obrador. Este, según los analistas, es instintivamente receloso de la deuda. Pero especialmente cuando es financiada por agentes extranjeros.

En Colombia, las protestas fueron provocadas por el intento del Gobierno de Iván Duque el 28 de abril de impulsar una reforma tributaria. Pero esto se ha convertido en algo mucho más grande. Gran parte del descontento proviene de la percepción de una respuesta inadecuada o equivocada al COVID-19. Esta situación causó que el 2.8 millones de personas cayeran en la pobreza extrema.

Esto no durará por siempre

La carnicería económica no durará para siempre. Pero el crecimiento anual del PBI del 3-4% que América Latina y el Caribe pueden esperar sigue estando un poco por debajo de las tasas que Estados Unidos y algunos otros países están a punto de ver. Un reciente aumento de los precios de los productos básicos no ayuda para nada. Un índice de los precios mundiales de los productos básicos indica que se mantienen por debajo de donde estuvieron durante gran parte del período transcurrido desde la crisis financiera mundial. Y debido al débil estímulo, los hogares no pudieron ahorrar, como lo hicieron en muchos países más ricos. Por este motivo, no habrá mucho dinero para gastar después del confinamiento. Como muestran los disturbios en Colombia, Latinoamérica, arrasada por la pandemia, enfrenta aún más problemas. Y, milagrosamente, resiste.

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