Lo que se sabe de la vacuna rusa contra el COVID-19

Lo que se sabe de la vacuna rusa contra el COVID-19

Cada vez que se habla de la “vacuna rusa” contra la enfermedad del nuevo coronavirus casi siempre se hace referencia a la Sputnik V, cuyo nombre oficial es Gam-COVID-Vac. Es la vacuna más mediática, ya que fue la primera en el mundo que se autorizó para uso de emergencia.

Recientemente, los rusos anunciaron que la Sputnik V ya podía administrarse de forma masiva en la población, justo poco antes de que los británicos hicieran lo mismo con la vacuna de la alemana Pfizer.

La vacuna rusa: lo que se sabe

A comienzos de diciembre, los rusos iniciaron la inmunización de personas que están en alto riesgo de contagio, como el personal sanitario, los docentes y los trabajadores sociales. Ellos aseguran que la vacuna tiene más de un 90% de efectividad y cumple todos los estándares para asegurar su inocuidad.

Pero no solo en Rusia administran la Sputnik V; los propios responsables de la investigación informaron que China y los Emiratos Árabes también inmunizan a sus ciudadanos con la vacuna rusa.

La Sputnik V no utiliza virus del COVID-19, ni muertos ni vivos, para promover la inmunidad humana. La base de esta vacuna son dos vectores adenovirales a los que le fusionan una proteína del coronavirus SARS-CoV-2. Dicho de forma más sencilla, convierten al virus de la gripe común en una especie de transporte para la cadena proteica del coronavirus. De esta manera, el sistema inmune produce anticuerpos específicos que respondan a la información genética de esa proteína.

Al ser dos vectores adenovirales quiere decir que, en realidad, la Sputnik V se trata de dos vacunas diferentes, es decir, dos inyecciones distintas que se aplican de forma seguida.

Algo que llamó la atención es que, a pesar de que la inmunización sería gratuita y voluntaria, los rusos no acudieron en masa a aplicarse la vacuna. Hay dos teorías: la primera, que desconfían de la vacuna.

La segunda, que los rusos deben esperar porque las autoridades sanitarias de ese país pidieron a la población abstenerse de consumir alcohol alrededor de un mes antes de vacunarse. También recomendaron evitar esas bebidas por el mismo período de tiempo después de la inoculación.

Una carrera geopolítica

Lo cierto es que, para muchos, la carrera por la tan anhelada inmunidad contra el COVID-19 ha dejado de ser una carrera científica contra el virus, ahora se trata de una competencia política para intentar demostrar quién lleva la delantera en materia científica y sanitaria.

El mismo nombre de la vacuna es llamativo: recuerda al Sputnik 1, el primer satélite artificial con el que Rusia llegó al espacio antes que cualquier otro país del mundo.

Por otra parte, la Asociación de Ensayos Clínicos de ese país levantó una alerta cuando se difundió que los mismos investigadores de la organización que elabora la vacuna la probaron en ellos mismos. Esto constituye una violación a los estándares y regulaciones de Rusia y del mundo en cuanto a las investigaciones clínicas.

Otro inconveniente es que las autoridades del país esperaban producir decenas de millones de dosis para finales de año. Pero esta decisión se tomó sin consultar a los fabricantes rusos, quienes representaron un ancla a las expectativas gubernamentales ya que la Sputnik V requiere de la fabricación de dos vacunas diferentes. Simplemente no hay la capacidad operativa de producir tales cantidades. Por los momentos, tendrán que conformarse con dos millones de dosis en este diciembre.

La otra vacuna rusa

Aunque la más famosa es la Sputnik V, no es la única vacuna. En Rusia hay al menos dos vacunas más en experimentación. Una de ellas es la EpiVakCorona, que ya se encuentra en la fase 3 de la investigación. Incluso, ya enviaron a la Organización Mundial de la Salud (OMS) la documentación necesaria para su aprobación.

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