Los errores más comunes a la hora de invertir

Los errores más comunes a la hora de invertir

Los errores más comunes a la hora de invertir suelen suceder por carecer de cierta educación financiera y por factores psicológicos.

La inversión está lejos de ser una ciencia exacta que asegure ganancias si se cumplen unos presupuestos básicos. El resultado final depende en gran medida de muchos factores fuera del alcance del que pone su dinero en juego. Sin embargo, existen errores a la hora de invertir tan comunes como frecuentes, de los que conviene estar prevenido.

Al momento de buscar generar un ingreso extra, una alternativa es comenzar a invertir parte de nuestros ahorros en algún activo financiero o no financiero (depósitos, acciones o propiedades).

Pero debido a la situación actual, especialmente a la caída de precios de la bolsa de valores a nivel global a causa de la pandemia de COVID-19, esta práctica se torna más complicada. Es en este momento en el que podemos caer en los errores más comunes a la hora de invertir.

Muchos de estos errores están relacionados con la psicología del propio inversor. Muchas instituciones financieras y expertos en inversiones lo han confirmado. Es que, a menudo, somos víctimas de sesgos psicológicos.

Estos sesgos son ciertos trucos o atajos mentales que ayudan a simplificar la gran cantidad de procesos mentales que se llevan a cabo constantemente y contribuyen a hacer más llevadera la vida diaria, incluidas las decisiones de inversión. En este caso “fácil” no es sinónimo de mejor”, sino que muchas veces es equivalente a “tropiezo”.

La parte más triste es que estos sesgos o preconceptos pueden ser fácilmente evitados con educación financiera.

Por este motivo, es muy importante democratizar la información, con el fin de que todos puedan beneficiarse.

¿Cómo se toman las decisiones financieras generalmente?

La mayor parte de las decisiones de inversión, como la mayoría de elecciones en la vida, se realizan con base en procesos intuitivos y automáticos más que en esquemas analíticos y controlados. Aunque gracias a estos trucos el cerebro ahorra energía al no tener que racionalizar cada elección, es conveniente que al tratarse de una inversión se conozcan bien las características del producto, su potencial rendimiento a corto, medio y largo plazo, el periodo de permanencia recomendado u obligatorio y las consecuencias de entrar o retirarse en un momento concreto.

Estos son los errores más comunes a la hora de invertir.

1. El exceso de confianza

Consisten en sobreestimar los conocimientos y juicios subjetivos y considerarlos certeros o más válidos que los de profesionales en materia de inversión y asesoramiento. Esto generalmente, nos lleva a pensar que la posibilidad de fracasar es menor de lo que realmente es.

2. La ilusión de control

Es la tendencia a considerar que se dispone del control o la posibilidad de influir en algo —como la evolución de un valor cotizado— sobre lo que objetivamente no se tiene ningún control. La sensación de “tener todo bajo control” puede desembocar en una asunción de riesgo superior a la que aconseja el propio perfil del inversor.

3. La búsqueda de confirmación

Es la interpretación errónea de una información recibida o la búsqueda de informaciones nuevas que corroboren convicciones o ideas previas, lo que puede desembocar en el refuerzo de una consideración errónea. Así, abrir los ojos por iniciativa propia o con el impulso de otros se vuelve cada vez más difícil.

4. El efecto anclaje

Consiste en la predisposición a sobrevalorar la información obtenida en primer lugar frente a una más tardía que contradice a la original. En el mundo de las inversiones esto es habitual cuando se recibe información sobre las rentabilidades pasadas de un producto o activo frente a las previsiones de futuro.

5. El impacto de autoridad

Es la tendencia a sobrestimar las opiniones de determinadas personas por su posición, sin someterlas a un enjuiciamiento previo. No tiene por qué ser un experto en la materia, sino que su autoridad puede venir por algo tan sencillo como un vínculo familiar.

6. El efecto halo

Se trata de enjuiciar a alguien o algo por una única cualidad positiva o negativa que hace sombra a todas las demás. Resta capacidad de percibir las cosas en su conjunto y quedarse con una primera o segunda impresión. 

7. La prueba social

Se llama así al efecto de imitar las acciones que realizan otras personas bajo la creencia de que se está adoptando el comportamiento correcto. Es lo que también se conoce como “seguir al rebaño” o “efecto manada”. En contra de este sesgo, aparecen las estrategias contrarias al sentimiento inversor dominante, conocidas comúnmente como “contrarian”(de opinión contraria).

8. El descuento hiperbólico

Es la propensión a preferir recompensas más pequeñas e inmediatas frente a recompensas mayores y alejadas en el tiempo, dado que su fuerza mental es mayor. El viejo refrán de “más vale pájaro en mano…” hablaba de esto. Y, con frecuencia, los registros históricos desmienten este dicho gracias al efecto del interés compuesto.

9. La aversión a las pérdidas

Muy relacionado con el anterior aparece este error frecuente que consiste en considerar que las pérdidas pesan más que las ganancias en la cartera de inversión. Si bien es verdad que enfrentarse a pérdidas es un trago amargo, más puede serlo asumirlas en un momento inoportuno y perderse el rebote o ciertas oportunidades de compra con descuento.

10. La ilusión del status quo

Tomar como punto de referencia la situación actual o de un momento concreto y comparar cualquier cambio en relación con este puede inducir a un constante sentimiento de pérdida que conviene evitar.

11. La predisposición al optimismo

Consiste en la tendencia a sobrestimar la probabilidad de experimentar situaciones positivas y subestimar las posibilidades de experimentar situaciones negativas. En otras palabras y aplicado al mundo de la inversión, considerar que es más fácil que la propia cartera se revalorice en lugar de sufrir un retroceso de valor.

12. La falacia del costo hundido

Este error lleva a mantener una inversión que ha generado o está generando pérdidas ante el temor a perder lo que ya se ha invertido. A veces una retirada a tiempo es una victoria si lo más previsible es que no haya remontada a la vista.

Para evitar todos estos errores y establecer una estrategia de inversión avanzada, es necesario contar con información precisa y educarse financieramente. Así como también es de suma importancia entender el papel preponderante que juega la psicología en el inversor.

Por este motivo, democratizar la educación financiera y diversificar activos son las mejores formas de poder realizar inversiones saludables.

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