Los impuestos distorsivos en Argentina

Los impuestos distorsivos en Argentina

Los “impuestos distorsivos” en Argentina han tomado tanto protagonismo que recaudan la mitad de la presión impositiva nacional y provincial. Por eso, Argentina se ha convertido en el reino de la informalidad.

La teoría económica señala que los impuestos no deben distorsionar las decisiones de las personas en lo que respecta a trabajar, invertir y producir. 

En este sentido, los impuestos no deberían aplicarse antes o durante el proceso productivo. De esa manera, dicho proceso se llevaría a cabo de la manera más eficiente posible desde el punto de la asignación de factores productivos. Así, se tiende a la maximización de la producción. 

De aquí entonces que los impuestos recomendados son al valor agregado (IVA). Este se aplica cuando el proceso productivo de cada eslabón de la cadena termina y se ejecuta la venta. Con respecto a los ingresos (en Argentina se conoce como Ganancias), también se ejecuta cuando termina el proceso productivo. En lo pertinente a la propiedad (en Argentina son Bienes Personales e Inmobiliario y Automotor), son los impuestos preponderantes en los países desarrollados con sistemas productivos que funcionan con alta eficiencia.

Todo es diferente en Argentina

En Argentina, la cuestión es bastante diferente. De manera superpuesta se aplican impuestos que distorsionan las decisiones en el proceso productivo. El Estado Nacional aplica impuestos al empleo (cargas sociales), a las transacciones financieras (impuesto al cheque), al comercio exterior (aranceles a las importaciones y derechos de exportación), a la energía y otros productos (impuestos internos). 

Los Estados provinciales, por su parte, aplican el impuesto a los contratos (sellos) y un impuesto a las ventas superpuesto con el IVA (Ingresos Brutos).

Los municipios, a su vez, aplican tasas de comercio e industria que originalmente eran de monto fijo, pero devinieron en porcentajes de las ventas. 

Debido a todo esto, las ventas en Argentina tienen tres impuestos: IVA, Ingresos Brutos y tasas de comercio e industria.

Los impuestos distorsivos en Argentina

Toda esta parafernalia de impuestos distorsiona las decisiones económicas. Por eso se los denomina impuestos distorsivos. Estas son algunas de sus terribles consecuencias:

  • Las cargas sociales inducen a los empleadores a huir de las relaciones asalariadas registradas. 
  • El impuesto al cheque induce a los comerciantes y productores al pago en efectivo. 
  • Los aranceles encarecen los insumos importados y los derechos desalientan las exportaciones. 

Argentina, el reino de la informalidad

Tener tres impuestos a las ventas, naturalmente, alienta la informalidad en las ventas. El Impuesto al cheque más el impuesto a los sellos encarece el crédito para el productor, tanto cuando abre una cuenta corriente bancaria para capital de trabajo como cuando vende con tarjeta de crédito. 

Los impuestos distorsivos han tomado tanto protagonismo que recaudan la mitad de la presión impositiva nacional y provincial. Por esto, Argentina se ha convertido en el reino de la informalidad. 

La mitad “en negro”

Veamos el comportamiento que los impuestos distorsivos ocasionan:

  • Se estima que cerca de la mitad de las ventas se hacen “en negro”.
  • Las relaciones comerciales entre proveedores y comerciantes se hacen de palabra.
  • Sacar una tarjeta de débito para hacer un pago en un comercio chico o mediano es como una afrenta. Del mismo modo, usar la tarjeta de crédito es como sacar una pistola.
  • La mitad de las relaciones laborales son también “en negro”.
  • Hasta el Estado contrata con el Monotributo para eludir las cargas sociales que él mismo impone a los privados.

Consecuencia: estancamiento económico

En una economía en la que la informalidad es la regla, el estancamiento económico es su corolario.

Esto se explica porque las inversiones productivas importantes, aquellas que traen la modernidad y la alta productividad, son, por definición, “en blanco”. Así es como los impuestos distorsivos se convirtieron en el freno al crecimiento económico. 

Promover el crecimiento económico exige reducir los impuestos distorsivos. 

Pero como estos impuestos los aplican tanto el Estado Nacional como los estados provinciales y municipales se necesita lograr un Consenso Fiscal para reducirlos. Y como recaudan la mitad de la presión tributaria, requieren un gradualismo en su reducción.

Partiendo de una premisa ilógica

Por este motivo, en el año 2017 se firmó el Consenso Fiscal con la idea de reducir los impuestos distorsivos gradualmente con un calendario de reducciones. El supuesto subyacente en el calendario era que la economía crecería. Así, los Estados provinciales podían ir compensando la reducción de sus impuestos distorsivos (especialmente Ingresos Brutos, que es su principal fuente de financiamiento propio).

El esquema fracasó porque era inconsistente. Si los impuestos distorsivos son los que impiden crecer, partir del supuesto de que la economía crecerá para bajar los impuestos distorsivos es ilógico.

No es la primera vez que los economistas colocan el carro delante del caballo a la hora de hacer supuestos. 

Así es como el Estado Nacional y los estados provinciales llegaron a otro consenso: detener las reducciones de Ingresos Brutos comprometidas en el Consenso 2017. En rigor, la provincia que quiera hacerlo puede reducir sus propios impuestos . Lo que cambió respecto al 2017 es que no está obligada por compromiso a hacerlo.

Salir de la trampa 

Salir de la trampa de los impuestos distorsivos para generar crecimiento económico y una cultura de la formalidad es un desafío difícil de encarar, aunque no imposible.

Existen alternativas si hay voluntad de ponerlas en marcha. Una de ellas podría ser que el IVA absorbiera Ingresos Brutos y tasas de comercio e industria con una alícuota mayor. Esto no supone un aumento de la presión impositiva, sino la explicitación de la actual presión. De este modo, se recaudaría con un solo impuesto no distorsivo. 

Los impuestos distorsivos nacionales podrían ser parte de pago de Ganancias, para que quedaran absorbidos por el otro impuesto no distorsivo.

En todo caso, hasta que se reduzca sensiblemente el peso de los impuestos distorsivos en Argentina, hay que olvidarse de volver a crecer. A menos que se tenga la voluntad de dar un paso hacia algo más de formalidad. No es imposible y es un objetivo definitivamente alcanzable.

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