Los impuestos que pagamos y desconocemos

Los impuestos que pagamos y desconocemos

Los impuestos que pagamos y desconocemos son muchos.

Cuando nos referimos a una economía de bienestar, analizamos un conjunto de variables económicas (por ejemplo, consumo, inversión, gasto o desempleo). En otras palabras, todo esto en conjunto nos llevará a considerar si nos encontramos o no en la senda del crecimiento económico.

Si abstraemos este concepto al caso argentino, podemos observar lo siguiente:

  • Una historia de déficit crónico que ahoga al sector privado con más de 167 impuestos
  • Emisión que llega a niveles caóticos
  • Crisis inflacionarias 
  • Casi una década de estancamiento.

Es decir, una economía que lejos de promulgar políticas de corte económico eficiente, solo actúan como anclas de estancamiento perpetuo en el país.

El economista español Fernando Trias De Bes en El libro prohibido de la economía, señala:“La economía pone al servicio de los Estados formas impensables para recaudar de forma fantasma y que la ciudadanía ignora por completo. Son impuestos que no nos damos cuenta que pagamos porque no suponen un desembolso. Una de ellas, aunque parezca mentira, es la inflación.

El ancla más importante

El ancla más importante que se encuentra sumergiendo a la economía es la inflación, que en 2021 terminó en un valor cercano a más del 50%. Al sumar este problema a la existencia de un sistema tributario altamente regresivo, se conforma una situación sumamente complicada.

Para entender el concepto anterior, tomemos el caso de los principales impuestos que representan casi el 50% de recaudación. De ese modo, podremos entender cómo combinados con los niveles de inflación, generan más del doble de imposición que los que estos mismos recaudarían en una situación con un nivel de inflación más controlado.

Veamos a continuación cuáles son los llamados “impuestos inflacionarios”.

Impuesto inflacionario 1: Impuesto a las Ganancias

Tenemos en primer lugar el caso del Impuesto a las Ganancias. Se creó en 1932, con el propósito de hacerle frente al déficit fiscal. Es decir que, mientras más se recaude sobre el ingreso extraordinario de las personas, es mejor para el Gobierno.

Si ajustamos esta situación a datos reales, se observa que con un índice promedio no siempre le gana a la inflación. Por tanto, a medida que aumentan salarios nominalmente, la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE) permitiría gravar aumentos nominales y no reales.

Impuesto inflacionario 2: IVA

En segundo lugar, tenemos al IVA. Nació en 1973 con una alícuota del 13%, para finalmente terminar con 21%. Este porcentaje inicialmente iba a ser transitorio, pero, hasta la fecha, es lo más permanente que existe y es altamente distorsivo.

Este tipo de impuestos son del tipo regresivo al gravar el consumo. Esto significa que las personas de menos ingresos gastan más del 90% de su ingreso en bienes que tienen IVA.

A esto hay que sumar que, a medida que los bienes aumenten nominalmente por inflación, la recaudación aumenta. Esto, a su vez, genera mayor recaudación para el Estado a costa de las personas de más bajos ingresos.

Impuesto inflacionario 3: Bienes Personales

Con respecto, al impuesto de bienes personales, fue creado temporalmente en 1991. Más de 30 años después de su creación continúa vigente y mantiene su principal inconveniente, que es el mínimo no imponible (MNI). Lo que sucede es que la cifra desde la cual se comienza a tributar no siempre refleja el verdadero valor de los bienes que cada contribuyente posee.

Impuesto inflacionario 4: Monotributo

Finalmente, el último caso es el del Monotributo, que nace en 1998 para ser un régimen simplificado. El mismo inició con una base de $144.000, que en ese momento eran USD 144.000 dólares, para que luego en el tiempo sufriera modificaciones hasta llegar a hoy.

En la actualidad, existen 11 categorías con alícuotas fijas en cada escalón. Si bien este último 2021 se actualizaron los montos de facturación, no es lo que pasó en años como el 2018 al 2020. Durante ese período, este desfasaje permitió al Estado recaudar vía alícuota inflacionaria.

Las grandes desventajas de los monotributistas

El monotributo es uno de esos impuestos por los que el contribuyente debe pagar para poder trabajar. El sentido común indica que esto debería ser a la inversa, pero “sentido común es lo que falta”, dicen. Más allá de toda consideración, es obligatorio elegir una obra social (incluso aunque ya se posea una). Lo único que esto ocasiona son más dolores de cabeza para el trabajador informal. No solo no cuenta con sus aportes jubilatorios (es decir, está totalmente desprotegido para el futuro), sino que además tiene que pagar.

El monotributista es la clase de trabajador que le importa muy poco al Gobierno y a la sociedad en general. Al ser “independiente” o “informal” (y no precisamente por gusto), se suele pensar que esta condición fue elegida de entre muchas otras opciones. La realidad es que el monotributista se atiene al régimen porque, de lo contrario, no conseguría trabajo. 

Es justo decir que un gran número de empresas de todo tamaño, e incluso dependencias del Estado, prefieren cortar todo lazo contractual con el trabajador. De ese modo, este queda a merced de su propio bolsillo, que a su vez, depende de cuánto y cúando le pagan su “sueldo”. Simplemente, esta última observación demuestra que los monotributistas tienen muy poco de “independientes”.

Los impuestos que pagamos y desconocemos

En conclusión, todos estos ejemplos hacen referencia al concepto económico del Impuesto Inflacionario. Por este, se deduce que cada vez que exista inflación, el Estado no solo cobrará la alicuota establecida para cada tributo, sino que cobrará también el adicional inflacionario en forma de pesos.

En términos reales, el Estado no actualiza las escalas, las alícuotas y la base imponible con la clara intención de cumplir con su rol recaudador. Estos impuestos están financiando y soportando el déficit fiscal. Naturalmente, no tienen en cuenta a todas las personas que se encuentran perdiendo su poder adquisitivo. Lo único importante es presionarlos tributariamente para obtener sus recursos adicionales, que continuaran financiando los desajustes de la “fiesta fiscal”.

Fernando Trias De Bes, en el libro citado al comienzo de esta nota, da una doble definición de Inflación “Inflación. Versión oficial: la inflación, en economía, es el aumento generalizado y sostenido de los precios de los bienes y servicios existentes en el mercado durante un período de tiempo, generalmente un año. Versión prohibida: la inflación es un impuesto encubierto, denominado en privado por los economistas “el impuesto de los pobres”.

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