Pérdida del poder adquisitivo: ejemplos prácticos

Pérdida del poder adquisitivo: ejemplos prácticos

Cada vez que hay una crisis económica, los medios, políticos, sindicatos y otros sectores comienzan a hablar de la pérdida del poder adquisitivo. Incluso, se toman algunas medidas políticas para “protegerlo”. Para comprender cómo funciona y cómo nos afecta en lo personal, es necesario saber qué es el poder adquisitivo. 

El poder adquisitivo es la cantidad de bienes o servicios que cierta unidad monetaria puede adquirir en un momento específico. Es decir, el poder para pagar bienes que tiene la divisa de cada país.

La pérdida del poder adquisitivo debido a un aumento importante y generalizado de precios impacta sobre todos los aspectos de la economía. Por ejemplo, caen las ventas en varios sectores porque los consumidores necesitan más dinero para comprar. Suben las tasas de interés, caen las calificaciones crediticias, los comerciantes experimentan pérdidas grandes pérdidas, etc.

Por qué se produce la pérdida del poder adquisitivo

Teóricos económicos y sociales han intentado comprender por qué ocurre una pérdida del poder adquisitivo. Sin embargo, el consenso acepta que la inflación es la responsable directa de esta pérdida.

Esto se debe a que la inflación reduce la capacidad de las personas de comprar bienes con la misma cantidad de dinero. Es lógico que, si los precios aumentan, pero el sueldo se mantiene estable, entonces la persona podrá comprar menos bienes con su salario. Esta es la pérdida del poder adquisitivo, y hay muchos ejemplos para ilustrarla.

Ejemplos

Supongamos que hace 30 años una persona compraba un litro de combustible con un dólar. Es probable que con ese mismo dólar apenas pueda comprar un cuarto litro. Eso quiere decir que su dinero perdió poder de compra.

Otro ejemplo interesante es el impacto de la inflación y la pérdida del poder adquisitivo en las deudas. Básicamente, porque esta pérdida realmente es una buena noticia para el deudor y la peor noticia para un acreedor.

Veamos el ejemplo: un acreedor le presta a un deudor una cantidad equivalente a 20 cajas de huevos. Si en el tiempo de hacer efectiva la deuda ocurre un incremento general de precios, con esa misma cantidad apenas alcanzará para comprar 15 cajas. Entonces el deudor devuelve la misma cantidad que vale menos, y el acreedor recibe lo mismo que prestó, pero devaluado.

Ese es el motivo por el cual, en contextos hiperinflacionarios, personas y entidades crediticias dejan de otorgar créditos. Y mucho más si son a largo plazo.

Analicemos un ejemplo nacional. En agosto de 2016 un paquete de 500 g de yerba mate costaba 27,34 pesos en promedio. En ese mismo mes del año siguiente, con esa misma cantidad de dinero se compraban 434 g.

Si avanzamos a agosto del 2018, encontramos que 27,34 pesos (el precio del 2016) solo alcanzaban para 297 g. Esto quiere decir que se requerían 45,96 pesos en promedio para comprar el mismo paquete de 500 g.

Ubiquémonos en la actualidad, marzo de 2021. Un paquete de yerba mate de 500 g cuesta alrededor de 200 pesos. En otras palabras, los 27,34 del 2016 nos sirven para comprar apenas 68,35 g de yerba mate.

Es por esta razón que ahorristas e inversores huyen de la moneda local en caso de inflación a través de la compra de divisas o activos. Su objetivo es proteger el poder adquisitivo de su plata de las crisis económicas.

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