¿Puede Argentina tolerar otro confinamiento?

¿Puede Argentina tolerar otro confinamiento?

¿Puede Argentina tolerar otro confinamiento? Volver al pasado conlleva un costo exorbitante para cada uno de los ciudadanos.

¿Puede Argentina tolerar otro confinamiento?

Sabíamos que esto sucedería tarde o temprano. Solo bastaba con mirar lo que ocurría en otros países para darnos cuenta de que, muy pronto, correríamos la misma suerte.

Ahora el problema está golpeando a nuestras puertas: el costo de volver a un encierro total es inmensurable.

Más allá de las cifras de contagios, vacunados, vacunas faltantes, etc, hay una realidad que es imposible tapar: los índices de empobrecimiento. Con 42% de pobreza ya no es necesario esperar a la próxima estadística. Lo vivimos en carne propia día a día. Millones de personas no llegan a pagar incluso los servicios básicos. Gran parte de la población está endeudada con tarjetas de crédito y entes financieros.

Hoy, más de cuatro de cada diez argentinos son pobres, según cifras que acaba de publicar el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), y más del 60% tiene problemas financieros severos.

Es que la desbocada inflación más la falta de efectivo conforman una bomba de tiempo. Como si todo esto fuera poco, nos restringen aún más nuestras fuentes de trabajo y nuestras libertades. Volver a fase 1 es dinamitar lo poco que queda en pie.

Las PyMEs que no quebraron, están en la cuerda floja. Las industrias no pueden sostenerse con el ritmo de la inflación y la persona de a pie se ve atacada y restringida por todos los flancos.

Con los precios subiendo un 40% interanual y el peso depreciándose casi un 30% en 2020 y aún más el año anterior, no es difícil entender por qué cada vez son menos los que logran llegar a fin de mes.

¿Se podría haber evitado esta situación?

Es bastante difícil de decir. Lo que entendemos es que se podría haber aminorado. Habría sido prudente dar los pasos necesarios para evitar un nuevo colapso total de la economía a niveles micro y macro. Vivir en una constante improvisación, a la larga nos genera una costo muchísimo más alto.

Argentina ya atravesaba una grave crisis económica cuando empezó la pandemia hace un año. Llevaba dos años de recesión y tenía una de las peores tasas de inflación y una de las monedas más devaluadas del mundo cuando llegó el coronavirus en marzo de 2020. Por todo esto, fue uno de los países más golpeados del mundo en 2020.

El temor al COVID-19 y la prolongada cuarentena que ordenó el Gobierno para tratar de frenarlo, provocaron una contracción económica de casi el 10%. Hoy, con las nuevas restricciones, se ven perjudicados los pronósticos.

Vale aclarar que esta cifra es un punto menor a la caída del Producto Bruto Interno (PBI) que sufrió Argentina durante la crisis de 2001/2002, que hasta ahora sigue siendo la peor en su historia. En ese momento, más de la mitad de la población había caído por debajo de la línea de pobreza.

El arrastre de la cuarentena anterior

Vemos que las ventas de productos de consumo masivo registraron en marzo un desplome de 18,3% en volúmenes comercializados en comparación al mismo mes del año anterior. De este modo, las ventas de alimentos, bebidas, productos de limpieza e higiene personal acumulan 11 meses consecutivos en rojo.

A esto le debemos sumar que el Área Metropolitana Buenos Aires (AMBA) registró en marzo los peores indicadores, con caídas de 28,5%. 

Con el fuerte incremento de 4,8% en marzo que dio a conocer ayer el INDEC, el Índice de Precios al Consumidor mostró que a lo largo del primer trimestre del año acumuló una suba de 13%, lo que sumado a la evolución que registra en abril dejará a la inflación por encima del 16% solamente en los primeros cuatro meses del año.

¿Cómo reaccionan las empresas ante otro encierro forzoso?

A la fuerte presión que las grandes empresas vienen teniendo para evitar que nuevamente se cierren actividades —una medida que el Gobierno parece avalar a pesar del descalabro económico que causó en 2020— ahora también se sumaron los pequeños y medianos, que sostienen que un retroceso en las etapas de la cuarentena sería letal para muchos.

El factor MIEDO

Nadie quiere contagiarse, esto es más que evidente. Lo que resulta bastante obvio y hasta obsceno es la manipulación de la población a través del miedo. Miedo a las cifras, miedo a salir, miedo a hablar con otra persona. Es que, en este contexto, las personas pasamos a ser bombas de tiempo dispuestas a explotar en virus sin previo aviso.

¿Puede Argentina tolerar otro confinamiento? Cabe además preguntarse a quién beneficia tanto caos. Es natural que todos nos asustemos un poco, pero ¿por qué no instruir desde la precaución en lugar del terror? 

La conclusión reductivista y de muy corto alcance parece ser: ¿le tengo miedo al virus o le tengo miedo a no comer?, creando así una dicotomía imposible de resolver. Cuando el miedo reina, el mundo se paraliza. Habría que preguntarse nuevamente a quién favorece tener a toda la población sumida en el miedo y la pobreza extrema.

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