Tres largos meses del cepo a la carne

Tres largos meses del cepo a la carne

Tres largos meses del cepo a la carne, y muchas oportunidades perdidas. El país pasa de largo buenos precios y una demanda mundial motorizada por China y el sudeste asiático. Esta demanda podría ser atendida por una ganadería que produce más en menos superficie.

El sector de la carne sigue sufriendo las restricciones a la exportación de carne vacuna que impuso el Gobierno nacional para bajar los precios internos. Los resultados, hasta ahora, han sido muy pobres. Más aún si se comparan con los daños a la totalidad de la cadena y, en particular, a los productores. El perjuicio es aún mayor si se tienen en cuenta las oportunidades perdidas. Tres largos meses del cepo a la carne y oportunidades perdidas que se evaporan.

Una oportunidad inédita

Según un informe del director de la consultora Conocimiento Ganadero, Fernando Canosa, para la Fundación Producir Conservando, tanto el contexto internacional como también el interno, en especial en lo que atañe a producción, brindan “una oportunidad inédita” a la carne argentina.

Por un lado se encuentra la alta demanda del sudeste asiático y de China, por sobre el ritmo de la oferta. Por el otro, hay abastecimiento en las mesas argentinas y un aumento de la productividad del sector nacional. Estos dos factores constituyen un marco inmejorable para la actividad.

Alta demanda mundial

Canosa subrayó la voracidad de los mercados asiáticos, incluido el chino. Dichos mercados absorben casi el 80% de las exportaciones de carne vacuna del país. “Más allá de Argentina, hay una muy buena situación en general en la demanda mundial. La producción va por la escalera y el consumo por el ascensor. Esto se da más allá de la coyuntura y la pandemia. El crecimiento económico mundial genera una demanda creciente de proteína animal, en especial de carne vacuna”.

“Esto sucede por los intervalos entre generaciones en la ganadería vacuna. Es decir, el tiempo que hay entre que uno toma la decisión de producir y que la carne llega a la góndola es de entre tres y cuatro años. Es así que el incremento de la oferta nunca llega a equiparar el crecimiento económico que se da en ese lapso. Por eso es que hay una demanda estructural insatisfecha, cuestión no pasa ni con la carne de pollo ni de cerdo”, señaló Canosa. Esto sucede, justamente, a tres largos meses del cepo a la carne.

Contexto favorable

Canosa destacó el aumento del valor de la carne en los últimos 20 años. “Esto ya no depende de nosotros, sino del crecimiento del Sudeste Asiático. Hay 40 millones de chinos al año que cambian sus hábitos de consumo porque tienen más dinero”, dijo.

Según el especialista, en los últimos 20 años se produjeron dos situaciones que explican este contexto favorable para cualquier país productor y exportador de carne vacuna. 

En ese período, la demanda mundial creció 80% y la producción un 20%. El gran responsable fue China, que pasó de importar volúmenes menores a 200.000 toneladas en 2012 a 3,1 millones en la actualidad.

Si el mundo sigue creciendo al actual ritmo, dice Canosa, “no habrá espacio para producir mayor cantidad de carne vacuna. Y estamos frente a un producto con un techo de oferta y una demanda que sigue creciendo”.

Oportunidad y restricciones

Ante este contexto, en el que se tiene previsto que la demanda se siga expandiendo, Argentina tuvo una reacción significativa. No solo pudo mantener ampliamente abastecido el consumo interno, sino que también, en pocos años, tuvo un salto exponencial en los despachos al exterior. De este modo, responde no solo a mejores condiciones internas, con la desregulación a la exportación, sino que dando respuesta a la demanda mundial.

“En esta situación, Argentina respondió fenomenalmente”, continúa Canosa. “Cuando vemos que en los últimos 10 años pasamos de exportar 180.000 toneladas a más de 900.000 toneladas, nos damos cuenta que no hubo ningún producto que haya respondido tan rápido a los cambios económicos que hubo”. 

Asimismo, en los últimos años, 14 millones de hectáreas dejaron de ser ganaderas y pasaron a ser agrícolas. Pero, al mismo tiempo, se produjo más carne pasando de 2,5 a 3,1 millones de toneladas. Esto implicó un aumento del más del 40% de la producción de carne por hectárea. Este, dice Canosa, es un hito muy importante.

Argentina, en el podio de los consumidores de carne

A pesar de tener una menor superficie para producir, se consiguió obtener más carne para abastecer el mercado interno y el externo. Por ejemplo, al analizar el consumo total de proteína animal por habitante, Argentina se encuentra en el podio (110 kg). Está por detrás de Estados Unidos (120 kg) y delante de Australia (106 kg).

Si analizamos solo el consumo de carne vacuna, nuestro país se encuentra entre los primeros del mundo muy cerca de Uruguay, con 50 kg.

“La mesa de los argentinos está perfectamente abastecida de proteína animal”, aseguró el especialista.

El círculo virtuoso malogrado por el cepo

Este aspecto se refiere a la disponibilidad de área para la ganadería bovina. En su trabajo, Canosa enfatizó que el “uso de la tierra en Argentina viene sufriendo un cambio muy importante en cuanto al paso de superficie ganadera a agrícola. Esto trae un aumento de la productividad por hectárea del 37%; 1,8% año/ha, es la tasa de crecimiento de la producción de carne nacional por unidad de superficie. Hemos pasado de una producción por hectárea ganadera de 32 kg a 43 kg”.

Es por esto que Canosa consideró que “lamentablemente las medidas de cierre o cuotificación de las exportaciones de carne cortan un ciclo virtuoso que favorecía al país. Promovía una mayor productividad del rodeo nacional, de la competitividad del sector en cuanto al uso de la tierra y del desarrollo de otras carnes como aves, porcinos y ovinos”. 

De más está decir que el cepo y las restricciones ponen un freno a la generación de trabajo y de ingreso de divisas para el país. Esto es un despropósito en un contexto de altos niveles de pobreza, falta de trabajo genuino y de divisas por exportación en una balanza comercial como la de la carne bovina, que es totalmente positiva.

Van tres largos meses del cepo a la carne. Esto se da en uno de los contextos de más pobreza en nuestra nación. Las excelentes oportunidades para exportar se perdieron. Por otra parte, para el consumidor, los precios están por las nubes. ¿A quién beneficiará todo esto?

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