Trump necesita de China para la reelección

Trump necesita de China para la reelección

Desde que Donald Trump asumió como presidente de Estados Unidos en enero de 2017, la complicada relación que tuvo con China sirvió de excusa para tapar muchos de los problemas estructurales del país. La pelea por el dominio económico mundial mediante la guerra comercial fue posiblemente la noticia más repetida de los últimos 3 años y medio.

Su esfuerzo por reducir la brecha comercial imponiendo aranceles a miles de productos fue la gota que rebalsó un vaso que ahora tiene un alcance sobre la seguridad nacional, la carrera tecnológica, la influencia geopolítica y, en este año en particular, el origen y el manejo de la pandemia del coronavirus.

Hubo veces en que Trump fue un gran adulador de su contraparte china, Xi Jinping, sin embargo, al poco tiempo terminaba enfocando sus críticas hacia el presidente del gigante asiático. De esta forma, se generó una especie de relación de amor y odio de parte de Trump hacia el premier chino.

No obstante, hay un dato que cambió la forma en la que se analiza la relación entre los presidentes de las 2 economías más grandes del mundo. Se publicaron las memorias de quien fuera ex asesor de Seguridad Nacional del EE.UU. en la era Trump, John Bolton.

En su libro titulado The Room Where It Happened (La sala donde ocurrió, en inglés), asegura que Trump tuvo que “rogarle” a Xi Jinping que lo ayudara a obtener su reelección para noviembre de este año comprando productos agrícolas estadounidenses, lo que ayudaría al presidente estadounidense fortaleciendo su posición en los estados agrícolas del Medio Oeste del país.

Bolton, además, menciona otro tema relacionado con el país asiático en el que Trump ofreció al presidente chino rebajar las sanciones sobre la compañía de telecomunicaciones china ZTE, condenada por evadir sanciones contra Irán y Corea del Norte. Según el exfuncionario estadounidense, “Xi Jinping respondió que si se hiciera eso, le debía un favor a Trump y Trump respondió de inmediato que estaba haciendo esto por Xi”.

Las idas y vueltas entre Washington y Pekín

Los constantes ataques de Trump contra China se convirtieron en uno de los fundamentos más atractivos para sostener su base de votantes. Por eso, aunque ya se haya implementado la Fase 1 del acuerdo comercial entre ambos países, la administración Trump todavía impone aranceles a más de la mitad de los productos chinos que llegan al mercado estadounidense.

En ese compromiso compromiso, que se firmó a principios de este año (aunque parezca  totalmente viejo debido a la crisis del coronavirus) se impidió que la guerra comercial entre China y Estados Unidos escalara a niveles aún mayores que la tensión que había entre las dos potencias.

Por su parte, China acordó aumentar notoriamente las compras de ciertos bienes y servicios estadounidenses por un total combinado de 200.000 millones de dólares durante 2020 y 2021 con respecto a los niveles que compró en 2017. Esto mostraría un gesto de parte del gigante asiático hacia los norteamericanos.

Según el Peterson Institute for International Economics durante los primeros cuatro meses de 2020, las compras de todos los productos cubiertos por este acuerdo fueron de solo el 43% (exportaciones estadounidenses) de los sus objetivos fijados para este año.

El acuerdo entre EEUU y China probablemente se mantenga por ahora, evitando la que aumenten las restricciones arancelarias con el objetivo de obtener un aumento de importaciones chinas de algunos productos clave en estados que apoyan al presidente Trump.

Aún así es difícil que China pueda cumplir con la meta de lograr los 200.000 millones de dólares en dos años (77.000 millones en juego este año y 123.000 millones el próximo año) con la energía y la agricultura siendo las áreas más afectadas. El cumplimiento de este pacto puede impactar en algunas acciones, sobre todo vinculadas a exportación e importación chinas.

Mano dura con Pekín

Los dos candidatos a la presidencia estadounidense de cara a noviembre mantienen de cara al electorado una postura dura con respecto a las relaciones con China con las miras puestas en los comicios a fines de este año.

Tanto el presidente Trump como el ex vicepresidente demócrata, Joe Biden consideran que la hegemonía del país asiático y sus ambiciones económicas, comerciales y de seguridad son uno de los pocos asuntos que genera cierto consenso bipartidista en el Congreso de EE.UU. y por eso en su discurso se mantienen en tajantes contra China.

El gobierno de Xi Jinping está aprovechando el clima actual como oportunidad para obtener un mayor control sobre Hong Kong y Taiwán además de aumentar su nivel de influencia entre los mercados emergentes. Trump firmó el miércoles una ley avalada por el Congreso y el Senado para sancionar potencialmente a los funcionarios chinos por sus abusos a minorías étnicas.

En las últimas semanas, la administración Trump intentó desviar la atención de los problemas domésticos culpando a China de la propagación del coronavirus y la recesión económica y laboral causada a raíz del coronavirus. El gobierno norteamericano necesita sacar del foco los más de 40 millones de puestos de trabajo que se perdieron y la creación de un enemigo común para republicanos y demócratas puede ser una solución.

EE.UU., sin embargo puede llevar a cabo otras acciones no arancelarias contra China, como agrandar su lista negra de entidades chinas con empresas que violen derechos humanos o pongan en riesgo la seguridad nacional del país. El ejemplo más claro de esto fue la sanción y veto a la empresa china Huawei.

La medida adoptada con Huawei y sus afiliados amenaza el despliegue de las redes 5G de China durante el próximo año y disminuye el poder de la cadena de suministro de tecnología de Asia. Esto implica un freno para la economía china, pero aún así sigue creciendo de cara a la posición geopolítica del gigante asiático en el mundo post-pandemia.

En toda esa mezcla de idas y vueltas entre las dos economías más grandes del mudo, es probable que el coronavirus y las tensiones entre Washington y Pekín continúen acelerando la reorganización de las cadenas de suministro globales fuera de China.

Con todo este asunto de la pandemia, las multinacionales buscan diversificar y simplificar sus cadenas de suministro mientras algunos gobiernos plantean implementar políticas industriales para proteger los insumos sensibles con fines de seguridad nacional. Pero no hay que olvidar que, por su mano de obra barata, China sigue siendo el manufacturero mundial por excelencia.

Más vale lo malo conocido

Según las entrevistas con múltiples funcionarios chinos llevadas a cabo por Bloomberg, existe cierto consenso en Pekín a la hora de apoyar la reelección de Trump frente al candidato demócrata, Joe Biden. La razón principal justifica que China se beneficiará así de la continua pelea de Trump con el resto de los países del mundo.

Desde que ganó las elecciones en 2016, y desde que asumió a principios del 2017, EE.UU. se ha vuelto uno de los países más nacionalistas y ha cortado muchas relaciones comerciales que tenía en puntos distantes del mundo, bajo la idea de “volver a hacer grande a América” (Slogan de campaña de Trump).

En Más Inversiones estamos siempre al tanto de todos los movimientos que se dan entre las economías que marcan el termómetro político y financiero del mundo. Estate atento a todas nuestras novedades para tener la mejor información, siempre.

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