Una Argentina pobre en un mundo de contradicciones

Una Argentina pobre en un mundo de contradicciones

Argentina, un país pobre en un mundo lleno de contradicciones. Desde sus comienzos sufre por la mala administración de los recursos del Estado. En muy pocas oportunidades supimos tener superávit fiscal, y en la historia reciente solo sucedió durante las administraciones de Menem y Kirchner. Pero no alcanza con ahorrar solo unos pocos años, la necesidad de ahorro fiscal debe existir para hacer frente a situaciones especiales en las que el Estado deba gastar más de la cuenta. La crisis sanitaria del covid es un claro ejemplo.

Luego de las grandes crisis sabemos ahorrar, pero el empuje del ahorro nos dura poco. Post crisis hiperinflación de 1989 y post crisis de 2001 las autoridades supieron administrar mejor el Estado para acumular stocks de capital y luego rifarlos en experiencias autocráticas que nos llevan a perder cada vez más poder adquisitivo y a hacer que cada vez más personas estén por debajo de la línea de pobreza.

La tasa de pobreza en Argentina

En 1994, Argentina tenía una población de 35 millones de habitantes y una tasa de pobreza de 15% (la mejor de los últimos 35 años) que en términos absolutos eran 5.100.000 pobres. Hoy esa tasa de pobreza es del 42%, pero en un país donde viven 45,5 millones de personas, da como resultado el tristísimo número de 19,3 millones de personas por debajo de la linea de pobreza.

Argentina pasó desde 1994 a 2020 a casi cuadruplicar la pobreza haciendo crecer esta 3,78 veces. Lamentablemente es el resultado de caer más de 20 puestos en la complejidad de nuestras exportaciones, de agrandar el Estado y de someternos a políticas sin ningún tipo de previsibilidad, salvo la electoral.

El Estado argentino vivió por encima de sus posibilidades durante gran parte de la historia, realizando expansiones fiscales sin ningún tipo de reparo presupuestario. Y tal vez, creyendo que el nivel de ingresos puede subir infinitamente a medida que aumentan los impuestos, la emisión monetaria, la deuda pública y por supuesto y también la pobreza.

El propio Estado se ha chocado periódicamente en los últimos 50 años con la pared de la restricción presupuestaria. Algunos ejemplos son el Rodrigazo en 1975, la Híper del 89, la crisis del 2001 y la actual crisis “combo” del COVID-19 que aglutina falta de financiamiento externo, un sector privado ahogado en impuestos y un sector público prácticamente quebrado que pierde herramientas de financiamiento a medida que aumenta la inflación y se contrae la demanda. Algo ilógico para los economistas heterodoxos, pero que hoy la evidencia empírica y “la calle” muestran a diario.

La gestión de los gobiernos

Los gobiernos han gastado haciendo caso omiso a los niveles de inflación, a los niveles de pobreza y mucho menos a cómo nos ven en el resto del mundo: como gastadores y defaulteadores seriales.

El problema se establece en la mala concepción de los distintos gobiernos que administraron los recursos del Estado en los últimos 50 años. Sin distinción de color político. Ya sean democráticos o autocráticos, esta es una diferenciación bipolar que suena en la escena global en los últimos meses. En todas las administraciones falló el incentivo de ahorrar por encima de gastar.

Argentina se volvió un país muy productivo y efectivo para aumentar la pobreza. En un cuarto de siglo la pobreza aumentó 3,78 veces. Desde 1994 Argentina ha visto crecer la cantidad de personas pobres de manera sostenida.

 

El panorama del país

El panorama no es muy alentador. Argentina hoy se encuentra en un escenario global complejo en el que el aumento de los déficits fiscales se están haciendo una regla general y los pronósticos de un aumento de la inflación son cada vez más alarmantes no solamente en nuestro país sino también en todo el mundo, y se observa con el aumento de las materias primas como la soja, el maíz y el trigo que aumentaron en un año un promedio del 40%, 70% y 30% respectivamente. Este aumento de precios siempre será más inflación a futuro.

Argentina perdió su moneda, perdió su rol exportador y lamentablemente no se puede dar el lujo de aumentar el déficit fiscal sin antes tener la capacidad de generar recursos. Nuestro país hoy es pobre porque el Estado primero aumenta los gastos y luego busca financiarlos. Argentina debe virar hacia una prudente administración de los recursos del Estado.

En los últimos 26 años no hay nada que se haya hecho bien si hemos casi cuadruplicado la cantidad de personas que no viven dignamente en Argentina. Un problema que radica fundamentalmente en cómo el Estado vive de lo ajeno. Administró mal y cuadruplicó la cantidad de pobres. Una deuda pendiente de un país que expresa: “Union y Libertad.”

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